Los reiterados episodios vinculados a inundaciones en Tucumán exponen  problemas que van más allá de consecuencias por un fenómeno climático. La frecuencia de este tipo de situaciones da cuenta de la necesidad de poner el foco sobre las decisiones que parecen no haberse tomado a tiempo.

Las pérdidas de vidas humanas, junto con los daños materiales y sociales, forman parte del cuadro. Un chico de 12 años murió electrocutado en plena calle en San Miguel de Tucumán. Una pareja quedó atrapada en su auto en un canal en Tafí Viejo mientras esperaba que bajara el agua. Son hechos distintos, pero que se encadenan por una misma pregunta: ¿estas tragedias podrían haberse evitado?

Más allá de la intensidad extraordinaria de las lluvias registradas desde diciembre, la respuesta estatal aparece condicionada por un patrón: la reacción llega después del impacto.

A esto se suman una serie de consecuencias que, lejos de ser excepcionales, forman parte de una dinámica conocida por los ciudadanos: calles inundadas, viviendas afectadas, caminos intransitables, evacuados, interrupciones en el dictado de clases y aislamiento de zonas rurales.

No se trata de hechos nuevos. Hay antecedentes, registros y advertencias acumuladas a lo largo del tiempo y reflejadas en nuestras distintas plataformas y archivo. Sin embargo, cada episodio vuelve a abordarse por las autoridades estatales como si fuese nuevo o aislado.

Distintos gobiernos provinciales y nacionales anunciaron planes, obras y estrategias que, en general, no se concretaron. Los problemas de financiamiento, las prioridades y la falta de continuidad en las políticas públicas configuraron un escenario donde las soluciones estructurales no figuran por el momento.

En paralelo, factores como el cambio climático, las limitaciones en la infraestructura y el crecimiento urbano sin planificación adecuada acentúan las consecuencias de cada tormenta.

Las explicaciones oficiales apuntaron a la excepcionalidad del hecho: la cantidad de agua caída, la rapidez con la que se desató el temporal y la falta de previsión. El propio sistema, mediante Defensa Civil, reconoció que no anticipó la magnitud del evento climático. Esto deja entrever que se trabaja más sobre la reacción a la urgencia que la prevención para evitarla.

En ese contexto, las explicaciones técnicas resultan necesarias, pero insuficientes. Si la repetición de estos eventos dejó algo en claro, es que las respuestas no pueden seguir enfocadas en la excepcionalidad de cada fenómeno.

En algún punto, creemos que la acumulación de antecedentes empieza a exigir definiciones más concretas en materia de infraestructura y planificación. Es urgente encarar las obras necesarias y prever la estrategias para su financiamiento a fin de que se concreten, y para que esto no vuelva a ocurrir.