En la Copa Libertadores hay noches que no sólo se juegan; también se atraviesan. Y para Boca, la de hoy en Santiago de Chile será una de esas.
Desde las 21.30, contra Universidad Católica en el “Claro Arena”, el equipo dirigido por Claudio Úbeda volverá a pisar la fase de grupos con un objetivo que no se modifica con el paso del tiempo. El “Xeneize” comenzará a desandar el camino hacia la tan buscada séptima corona en el máximo torneo continental a nivel clubes.
El contexto invita a creer. Boca llega con dos triunfos consecutivos en el Apertura (sobre Instituto y Talleres) que no solamente le dieron puntos que necesitaba como agua en el desierto, sino también una señal de crecimiento.
El equipo empezó a encontrar una identidad dentro del campo de juego, con mayor fluidez en ataque y con una estructura más confiable. Y en esa construcción hay nombres propios que explican el presente.
Uno de ellos es Tomás Aranda, cuya irrupción le aportó frescura y desequilibrio. El otro, Ádam Bareiro, que llegó y rápidamente se convirtió en una referencia ofensiva. El paraguayo no sólo suma goles; también ordena, descarga y genera espacios. Y su crecimiento tiene una historia detrás. Antes de llegar al club, recibió el respaldo de Martín Palermo, quien lo dirigió en Fortaleza de Brasil y lo ayudó a recuperar confianza. Hoy, esa confianza se traduce en rendimiento y en goles que significan puntos.
Para el debut, Úbeda apostará por lo que mejor le respondió. Más allá de la baja de Agustín Marchesín (lesionado), el equipo tendrá una base conocida. Leandro Brey seguirá en el arco, mientras que la defensa volverá a su formación habitual tras la rotación en Córdoba. En el medio campo, el regreso de Leandro Paredes como capitán ordena y jerarquiza una zona clave, acompañado por equilibrio y dinámica. Arriba, la dupla Bareiro-Miguel Merentiel se mantiene como la principal carta de gol y de triunfo que tiene el equipo.
Zampedri, el goleador en el que Universidad Católica pone sus esperanzas
Sin embargo, enfrente habrá un rival que también llega en alza. Universidad Católica viene de una goleada contundente en su liga y se presenta como un equipo ofensivo, con nombres que marcan diferencias. Dirigido por Daniel Garnero, el conjunto chileno combina experiencia y poder de fuego, con el ex Atlético Fernando Zampedri como principal referencia en el área.
El escenario también tendrá su particularidad. Después de idas y vueltas, habrá presencia de hinchas visitantes, lo que le dará al partido un clima más acorde a la magnitud del torneo. Porque la Copa no es solamente fútbol; es contexto, presión y carácter.
Boca sabe que este es apenas el primer paso de una seguidilla exigente. Siete partidos en un mes; viajes, desgaste y decisiones que pueden marcar el rumbo de lo que viene. Por eso, más allá del resultado, el desafío será sostener lo que viene mostrando: orden, convicción y una idea cada vez más clara.
La Copa vuelve a cruzarse en su camino. Y en ese cruce, Boca comenzará a escribir otra historia.