La presentación de la Unión Nacional de Bioenergía (UDOP, por sus siglas en portugués) en la XXIVª Reunión Anual de la Sociedad Argentina de Técnicos de la Caña de Azúcar (Satca) permitió analizar el desarrollo del sector sucroenergético de Brasil, considerado una referencia global en bioenergía.
A partir de la exposición de su presidente, Hugo Cagno Filho, y de su director ejecutivo, Rogério Mian, se destacó que el liderazgo del “Gigante sudamericano” se basa en la articulación entre políticas públicas, desarrollo tecnológico e integración productiva.
El modelo brasileño se apoya en condiciones agroclimáticas favorables y en una larga tradición en el cultivo de la caña de azúcar, pero su consolidación responde principalmente a decisiones de largo plazo. Desde la implementación del programa Proálcool en 1975 hasta el desarrollo de vehículos flex fuel y la actual política de mezcla obligatoria de etanol en la gasolina -en torno de un 30%-, el país logró construir una demanda estable para los biocombustibles.
En este esquema, la caña de azúcar dejó de ser únicamente un cultivo agrícola para convertirse en una fuente de producción energética. A partir de ella se obtienen azúcar, etanol y bioelectricidad, a lo que se suman desarrollos más recientes como biogás, biometano y otros productos derivados de la biomasa.
El sistema se sostiene sobre una infraestructura de mercado consolidada, con amplia disponibilidad de etanol en estaciones de servicio y un esquema de precios basado en oferta y demanda. A su vez, mecanismos como Consecana permiten una distribución del valor entre productores e industria, aportando previsibilidad al sector.
La diversificación productiva amplía el alcance del sistema. El etanol comienza a utilizarse en otros segmentos, como la aviación -mediante combustibles sostenibles (SAF)-, el transporte pesado y el transporte marítimo. En paralelo, avanzan desarrollos vinculados a bioplásticos, químicos renovables y captura de carbono.
En términos energéticos, Brasil presenta una matriz con cerca de un 50% de participación de fuentes renovables, en la que la biomasa de caña ocupa un rol destacado. Este proceso se apoya en políticas como RenovaBio, orientadas a la reducción de emisiones.
Las proyecciones del sector indican una expansión sostenida, impulsada por la demanda global de azúcar y el desarrollo de nuevos mercados energéticos. En este contexto, la integración entre caña y maíz, junto con el aumento en el uso de etanol, aparece como uno de los principales ejes de evolución.
El modelo brasileño muestra una agroindustria que amplía su papel en la producción de energía y en la reducción de emisiones.