Lo que alguna vez fue el epicentro del entretenimiento familiar en "La Feliz" es hoy un predio fantasmagórico. Tras la quiebra de Plunimar S.A. (The Dolphin Company), el Mar del Plata Aquarium quedó reducido a escombros, deudas y una preocupación central: el destino de 66 ejemplares marinos que aún permanecen en sus instalaciones.

Un refugio entre ruinas

Las imágenes que constan en el expediente judicial de la quiebra mostraron un panorama desolador con sillas apiladas, talleres en desuso y un microcine devorado por la humedad. En este escenario, 12 empleados resisten para cuidar a 56 pingüinos magallánicos, dos pingüinos rey, cuatro saltarín y cuatro lobos marinos. 

Aunque la síndica Andrea Hoff garantizó alimento para los próximos meses, la supervivencia de los animales depende de un presupuesto mensual de $55 millones, destinado casi exclusivamente a sueldos, energía eléctrica y comida.

La hoja de ruta del traslado

Bajo la supervisión del juez Eduardo Malde, ya se puso en marcha un plan de evacuación. Las gestiones apuntan a instituciones como Mundo Marino, Fundación Temaikén y el Bioparque Batán. 

Sin embargo, la posibilidad de vender ejemplares al exterior -como ocurrió con los 10 delfines enviados a Egipto a fines de 2025 por 800.000 dólares- está hoy trabada por las restricciones sanitarias derivadas del brote de gripe aviar en Argentina.

El laberinto judicial

El Aquarium no solo enfrenta el vencimiento de su contrato de alquiler en 2026, sino también un frente judicial múltiple que incluye cinco causas abiertas por despidos, infracciones ambientales y violación de la Ley de Conservación de Fauna. 

Con la luz al borde del corte y un predio que ya no recibe público, el oceanario marplatense vive sus horas más críticas a la espera de un traslado que cierre definitivamente su historia.