El 2-1 contra Mauritania cambió la lectura del amistoso contra Zambia. Lo que parecía otro ensayo menor se transformó en un partido con exigencia real para la selección argentina. No por la jerarquía del rival, sino por la imagen que dejaron los dirigidos por Lionel Scaloni: un equipo sin ritmo, sin intensidad y demasiado lejos de la versión que lo llevó a ser campeón del mundo. Desde ese lugar, el compromiso de este martes, desde las 20.15 en La Bombonera, ya no aparece como un simple trámite, sino como una obligación de respuesta. Además, será el último partido del equipo en el país antes del Mundial, un detalle que le agrega un peso simbólico que hace algunos días parecía bastante menor.
Hasta el viernes, la lógica era clara: rival accesible, tribuna en modo fiesta, minutos para Lionel Messi y otra escala de preparación antes de viajar a defender el título. Pero Mauritania rompió ese guion. Argentina ganó, aunque dejó demasiadas dudas en el funcionamiento, sobre todo en la segunda mitad. El equipo perdió intensidad, permitió llegadas evitables y se fue apagando con el correr de los minutos. Por eso Zambia cambió de lugar en la agenda: dejó de ser apenas el segundo amistoso de la fecha FIFA y pasó a representar una chance inmediata de corrección. Ya no importa tanto si el rival es más o menos limitado; lo que importa es si la Selección consigue volver a parecerse a sí misma.
Pero este partido también vale por los nombres propios. Para Messi, por ejemplo, la noche puede tener un tono especial. Muchos ya lo leen como uno de sus últimos partidos con la albiceleste en el país, quizá el último, en una etapa en la que cada presentación local empieza a sentirse como una despedida posible, aunque nadie la anuncie de manera formal. En esa misma línea aparece Nicolás Otamendi, que ya avisó que el Mundial 2026 será el cierre de su ciclo en la Selección. Entonces Zambia no sólo se vuelve una prueba futbolística: también puede convertirse en una de esas noches que después se recuerdan por el valor emocional de haber visto otra vez a los históricos en casa. Además, alrededor de ellos también se acomoda una sensación parecida con futbolistas como Emiliano “Dibu” Martínez, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Marcos Acuña o Nicolás Tagliafico, emblemas de un ciclo que sigue vigente, pero que ya empezó a asomarse a su tramo final.
Un gran desafío
A la vez, Zambia puede funcionar como la última gran prueba para varios que todavía están rindiendo examen. El ensayo del sábado contra la Sub 20, que terminó 1 a 0 con gol de José “Flaco” López, dejó una base llena de apellidos que buscan meterse de lleno en la conversación: Gerónimo Rulli, Agustín Giay, Gabriel Rojas, Marcos Senesi, Máximo Perrone, Giuliano Simeone, Lucas Martínez Quarta, Valentín Barco, Gianluca Prestianni, el propio López y Nicolás Paz. Algunos pelean por un lugar concreto en la lista; otros, por seguir acumulando argumentos dentro de una estructura en la que no sobra espacio. El caso más interesante quizá sea el de Barco, que podría volver a jugar en La Bombonera después de más de dos años, justo en el momento en el que mejor llega desde lo futbolístico y cuando su polifuncionalidad puede darle a Scaloni una carta distinta para el Mundial. También aparece “Nico” Paz, una de las pocas noticias realmente buenas que dejó Mauritania, con gol y personalidad para pedir más.
Por eso será importante ver qué decide Scaloni con el equipo. En las últimas horas, se dio a conocer una probable formación con Rulli; Giay, Martínez Quarta, Otamendi y Tagliafico; Exequiel Palacios, Paredes y Barco; Prestianni, José López y Messi. Si esa base se confirma, el DT estaría mezclando dos necesidades: levantar la imagen con una estructura seria y, al mismo tiempo, darles minutos fuertes a jugadores que todavía necesitan una validación definitiva. Ahí también entra Paredes, que no jugó contra Mauritania y asoma como una pieza lógica para devolverle orden al medio campo; y Tagliafico u Otamendi, como parte de una defensa que necesita transmitir otra firmeza. Más que una rotación masiva, lo que asoma es una formación con jerarquía, pero atravesada por pequeñas evaluaciones individuales.
En definitiva, el partido contra Zambia terminó creciendo mucho más de lo que sugería el nombre del rival. Creció por el flojo antecedente inmediato, por la necesidad de una reacción colectiva y por las historias personales que lo atraviesan. Será una noche para ver si Messi vuelve a adueñarse del centro de la escena, si Otamendi empieza a despedirse en serio, si Barco y Paz logran empujar la puerta y si la Selección recupera algo esencial: la sensación de autoridad. Porque a esta altura no alcanza con ganar. Argentina necesita irse de La Bombonera dejando la impresión de que el equipo sigue conectado con su identidad.