Por Federico Lix Klett - Fundador de FALK AI, FALK Impellers y FALK Advertising Matters, Miembro de Pieper AI y Selected Power User por Google DeepMind. Es pensador, comunicador, formador e impulsor de innovación y transformación.

En la Era de la Humanidad Aumentada, si usás la IA para obtener respuestas rápidas, sos apenas un engranaje eficiente. El verdadero acto de rebeldía es obligar a la máquina a que te haga dudar.

El domingo pasado, apenas salió publicada la primera nota de esta serie, me entró un mail que me vino al pelo. Era de Nuza Guerra, una lectora y docente de pura cepa. Me decía que leer a Paulo Freire le recordaba que la educación "bancaria" (esa donde el alumno es un balde vacío a llenar) sigue vivita y coleando.

Y me mandó una viñeta histórica del genial Francesco Tonucci (Frato) que no conocía y que ilustra esta nota. Mirala bien. Es una fábrica de ladrillos: entran changuitos todos distintos. La máquina escolar los procesa, los estampa, los nivela, descarta a los que no encajan por el tubo de "desechos", y escupe por la cinta transportadora a una fila de “playmobiles” idénticos, serios y uniformados.

Como buenos Homo Augmentus  -que buscamos cómo mejorar siempre-, sólo podemos hacerlo si partimos de una crítica de lo que podríamos estar haciendo o siendo mejor. Debemos evitar caer en una “anestesia profesional”. Algunas propuestas curriculares están diseñadas para fabricar autómatas en serie. Ese adormecimiento no es otra cosa que el asesinato planificado de la curiosidad y del pensamiento propio. Pero estamos a tiempo de dar esa batalla. Todo comienza por reconocerlo.

El motor del asombro

Etimológicamente, curiosidad viene del latín curiositas, que significa el "deseo de saber", pero también se asocia a cura, que significa "cuidado" o "atención". El curioso no es un chismoso; es alguien al que el mundo le importa lo suficiente como para prestarle atención. Albert Einstein, que de bocho andaba bastante bien, la clavó en el ángulo cuando le escribió a su biógrafo en 1952: "No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso".

Un chico de cuatro años te pregunta "por qué" trescientas veces al día. Está devorando el universo. A los quince, ese mismo pichón de adulto, procesado por la máquina de Frato, solo levanta la mano para preguntar: "Profe, ¿esto va con nota?". Le extirpamos el asombro y el error para instalarle el cumplimiento y la “perfección”.

Acá es donde el Razonamiento Computacional (RC) —nuestro Segundo Fuego— entra a la cancha, pero con un peligro atómico. Si los docentes y los alumnos usan esta tecnología solo como un oráculo de bolsillo para que les escupa la respuesta correcta en milisegundos, no estamos rompiendo la fábrica de autómatas; simplemente le estamos poniendo un turbo.

La máquina de hacer buenas preguntas

La verdadera virtud del Homo Augmentus no es tener todas las respuestas. El acceso a la información hoy vale cero, es un commodity. La habilidad que va a definir quién lidera y quién obedece en la próxima década es la capacidad de hacer mejores preguntas.

Tenemos que dejar de pedirle a la máquina que nos resuelva el quilombo. Hay que programar al silicio para que sea nuestro sparring socrático. El mandato hacia el Razonamiento Computacional tiene que ser: "No me adules. No me des la razón. Cuestioná mis sesgos y ayudame a buscar alternativas".

El docente anestesiado le teme a la máquina porque cree que le roba el monopolio del saber. El "Docente Aumentado" usa a la máquina como un objeto neutral para detonar la curiosidad en el alumno (el sujeto irreemplazable). La tecnología te procesa los datos, pero la pasión, el contacto visual y el contagio del asombro te pertenecen a vos. Nemo dat quod non habet. Nadie da lo que no tiene, y la máquina no tiene capacidad de maravillarse. La IA no tiene ni tu amor ni tu “dolor” por el otro.

El Desafío de la Semana

Abrí la herramienta de IA que tengas a mano. Planteale una idea que estés armando para tu laburo o tus estudios, pero en lugar de pedirle que te la mejore, copiale este prompt:
"Actuá como mi oponente más brillante e incisivo. No me adules ni me des la razón. Haceme las tres preguntas más difíciles, incómodas y contraintuitivas sobre mi para obligarme a pensar en lo que no estoy viendo. No me des las respuestas".

Bancate la incomodidad de la duda. Desoxidá tu curiosidad. Nos vemos el domingo que viene.

La cita en el barro

Este no es un debate de café, es una urgencia operativa. Para salir de la anestesia hay que ensuciarse las manos. Por eso, junto a Cheché (Exequiel Ponce de León) y Guada Carrasco, armamos el Avant Premier de FALK Academy. Un evento estilo tertulia, exclusivo para directivos y líderes educativos.
La cita es mañana, lunes 30 de marzo, de 14:30 a 16:30 en el Howard Johnson de Yerba Buena. No vamos a enseñar a hacer clics en una pantallita; vamos a debatir el futuro de la educación con una visión profundamente humanista. Vamos a rediseñar el contrato moral de las escuelas para devolverle el protagonismo al profesorado. Nuza, y todos los que se nieguen a seguir fabricando autómatas, tienen su silla esperándolos.