La producción de hidrocarburos en la Argentina muestra una proyección de fuerte crecimiento en los próximos años, impulsada por Vaca Muerta y el desarrollo del GNL. 

Según estimaciones de YPF basadas en estudios de Rystad Energy, el país podría superar el millón de barriles diarios hacia diciembre y escalar por encima de 1,5 millones para 2031.

En paralelo, ese avance productivo podría traducirse en un salto relevante de las exportaciones energéticas. Las proyecciones oficiales apuntan a generar más de U$S30.000 millones anuales hacia el inicio de la próxima década, con un potencial de hasta U$S45.000 millones bajo escenarios de precios internacionales estables, consolidando al sector como uno de los principales motores de ingreso de divisas.

Los datos se presentaron en un encuentro del IAPG en Houston. En la apertura, el presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), Ernesto López Anadón, dio la bienvenida a los asistentes con un tono cercano y distendido, destacando la relevancia del espacio para el intercambio del sector y poniendo en valor el rol de Argentina en el escenario energético global: “En lo que es la explotación de gas y petróleo y el crecimiento de su matriz, es uno de los países que más gas tiene en su matriz energética”.

Además, López Anadón resaltó la dimensión institucional del IAPG, al señalar que se trata de una entidad “sin fines de lucro, con más de 160 compañías asociadas, cerca de 400 miembros y 40 comisiones técnicas que trabajan permanentemente en mejores prácticas, en trabajos técnicos y en la organización de congresos y eventos”. Finalmente, agradeció el compromiso de quienes sostienen estas iniciativas: “Eso es un esfuerzo enorme que han hecho en forma personal, así que mi agradecimiento”.

En el encuentro, se presentaron datos relevantes para la industria: el desarrollo de Vaca Muerta avanza con una escala de inversión con desembolsos anuales proyectados de entre U$S18.000 y U$S25.000 millones -niveles comparables al gasto global de grandes compañías tecnológicas- y un horizonte acumulado que podría alcanzar los U$S130.000 millones hacia 2031. Este despliegue se apoya en una ventaja clave: costos de desarrollo altamente competitivos, con un break-even por debajo de U$S35 por barril, incluso considerando regalías y costos locales.

En paralelo, el proyecto Argentina LNG emerge como pieza central para monetizar el gas, evolucionando desde un esquema estacional a uno continuo, y marcando un hito con la firma del primer contrato de exportación de largo plazo hacia Alemania firmado por Southern Energy, con Pan American Energy (PAE) a la cabeza. A la par, la industria impulsa un programa inédito de formación de capital humano, con la meta de certificar 10.000 trabajadores y cubrir una demanda de hasta 15.000 empleos en el pico de actividad, mejorando al mismo tiempo los estándares de seguridad y productividad. En este contexto, el sector también reforzó el llamado a nuevas compañías de servicios para ampliar la competencia, optimizar costos y sostener el ritmo de crecimiento de toda la cadena.

A su turno, el secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, abrió su intervención con un tono cercano y distendido, destacando el valor del encuentro del IAPG y el contexto internacional en el que se desarrolla. “Bienvenidos a todos desde el Gobierno nacional, y gracias también por permitirnos hacerlo en español. A esta altura de la semana, cansa un poquito el inglés, ¿no?", bromeó. En ese marco, remarcó el cambio de percepción sobre el país: “El año pasado vimos un quiebre, vimos que Argentina volvía a estar en el mapa, pero el interés que percibimos hoy es muy superior”, y lo atribuyó a que “el paso del tiempo ha demostrado que lo que el Presidente dice, se hace, y que políticamente tiene el apoyo de la población”.

González también hizo foco en la combinación de factores que hoy posicionan a Argentina como un destino atractivo para las inversiones energéticas. “No hay muchos países en el mundo donde se dé al mismo tiempo un cambio político, económico como el que estamos viviendo, con un gobierno absolutamente pro-negocios, pro-recursos naturales, alineado con Estados Unidos, y al mismo tiempo una revolución de recursos naturales”, señaló, en alusión al desarrollo de Vaca Muerta.

A esto sumó el contexto global: “La situación geopolítica, que no es algo de lo que nos alegramos, claramente tiene un impacto positivo en países que tienen recursos y están lejos de la zona de conflicto”. En ese sentido, el funcionario nacional destacó además “el ecosistema” local: “Relaciones entre Nación, provincias y sector privado que se coordinan perfectamente, incluso entre compañías que compiten pero también colaboran”.

González planteó como objetivo central ampliar ese entramado productivo y atraer nuevas inversiones. “Creemos que llegó el momento de agrandar ese ecosistema: más compañías operadoras, más empresas de servicios, más capital. Hay oportunidades en toda la cadena”, afirmó. En esa línea, subrayó el rol articulador de YPF y la conducción de Horacio Marín: “Tiene un liderazgo aglutinador muy importante, con una estrategia disruptiva y valiente que está llevando adelante con la colaboración del resto del sector”. Y concluyó: “Desde el Gobierno vemos con excelentes ojos ese camino; las decisiones que se están tomando están totalmente en línea con la política energética y económica de Argentina”, consignó el diario "Ámbito".

YPF

El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, destacó que el desarrollo de Vaca Muerta es un objetivo estratégico que trasciende a las compañías y se consolida como una política de Estado. “Esto es un trabajo colaborativo. A nosotros siempre nos pareció que era muy importante poner un objetivo del país”, afirmó, y remarcó que el desafío de escalar la producción no puede abordarse de manera aislada: “En YPF vinimos a trabajar con la industria y no contra la industria”. En esa línea, definió el desarrollo del shale argentino como “un objetivo generacional”, clave tanto para la compañía como para la economía nacional.

El ejecutivo hizo especial hincapié en la articulación entre los distintos actores que hacen posible el crecimiento del sector. “Si no nos coordinamos con los gobiernos nacionales, provinciales, municipios y gremios, esto no se puede hacer”, sostuvo, y valoró que, pese a las diferencias, “tenemos el mismo objetivo común y entonces las cosas salen”. Para Marín, esa convergencia es el principal activo del ecosistema energético argentino: “Es un trabajo de equipo. A mí me toca hablar, pero es entre todos”, dijo, al tiempo que agradeció el acompañamiento de todos los niveles de gobierno y del sector privado en el despliegue de infraestructura y producción.

En cuanto a los resultados, Marín subrayó el fuerte crecimiento que viene mostrando la actividad. “El año pasado batimos el récord histórico de producción de petróleo en la Argentina, con 878.000 barriles”, indicó, y destacó que la tendencia no solo se mantiene sino que se acelera: “Si uno mira las derivadas, se ve que estamos subiendo cada vez más rápido”. También resaltó los avances en gas, donde el país logró por primera vez desde 2007 un saldo positivo entre exportaciones e importaciones.

Además, precisó que en 2025 se perforaron 457 pozos -un 18% más interanual- y se alcanzaron 25.000 etapas de fractura, un salto del 27%. Con este ritmo, el objetivo es ambicioso: “Yo creo que para diciembre, muy posiblemente, se bata el millón de barriles”, proyectó, consolidando a Vaca Muerta como el motor energético del país.

A ese diagnóstico, Marín sumó proyecciones de mediano y largo plazo que refuerzan el potencial estructural de Vaca Muerta y del desarrollo gasífero asociado. “Estamos viendo que en 2031 vamos a producir más de un 1,5 millón barriles, muy posiblemente”, aseguró, al tiempo que destacó el rol del proyecto de GNL que impulsa la compañía junto a socios internacionales. “Es algo muy particular, porque tiene producción de gas y de petróleo. Ese es el concepto que buscamos”, explicó, subrayando que la expansión del gas será uno de los motores del crecimiento futuro.

En esa línea, el titular de YPF planteó metas concretas en materia de exportaciones y generación de divisas. “El objetivo que pusimos es que Argentina, a partir de 2030-2031, exporte más de 30 mil millones de dólares”, sostuvo, y remarcó la importancia de la consistencia en la estrategia: “Los objetivos tienen que ser repetitivos, aburridos y no cambiantes. Eso significa trabajar a largo plazo”. Incluso, proyectó un impacto aún mayor bajo escenarios de precios internacionales moderados: “Estamos viendo números de hasta 45 mil millones de dólares, teniendo en cuenta precios normales y de largo plazo”.

Finalmente, Marín trazó una visión más amplia del rol del sector energético en la economía argentina. “La industria va a generar la segunda turbina. Ahora vamos a hacer un avión, y luego va a venir la minería, el litio y otras actividades”, graficó. En ese sentido, consideró que el país atraviesa un punto de inflexión: “Para 2030, Argentina es otro país, y esta es nuestra contribución”. Y concluyó: “Nosotros teníamos que ser fuertes en el desarrollo, no especular. Todo es riesgo cero, y si me estrello, me estrello por un objetivo que vale la pena. Yo creo que se enderezó y que lo logramos entre todos, y que para mí ya es una realidad”.