Atilio Santillán fue durante su vida el símbolo de lucha de los trabajadores azucareros. Hijo de un trabajador azucarero nació en 1935 en el Ingenio Bella Vista. Fue elegido Secretario General el Sindicato de Obrero del Ingenio Bella Vista de 1963 de ese mismo año, con solo 28 años de edad alcanzó el secretariado General en la Fotia. En 1966 enfrentó el cierre de los 11 ingenios azucareros por decreto del gobierno militar del General Onganía. Entre fines de 1966 y 1973 la Fotia fue intervenida pero no los Sindicatos de base de modo que al frente del Sindicato de Bella inició la lucha por reabrir los Ingenios cerrados. El 5 de mayo de 1972 llevó al Ingenio Bella Vista al presidente de facto General Agustín A. Lanusse, al Ministro de Bienestar Social, Francisco Manrique, al Ministro del interior Arturo Mor Roig y al gobernador de Tucumán Emilio Sarrulle. En esa oportunidad hicieron uso de la palabra Santillán y Lanusse. En 1973 fue reelecto como Secretario General de Fotia y el gremio fue intervenido por enfrentarse con el entonces Ministro de Trabajo Otero. En 1975 fue reelegido Secretario General por unanimidad. En setiembre de ese año, durante el gobierno de Isabel Perón se alcanzó la re apertura del Ingenio Esperanza. En su lucha por la reapertura de los Ingenios Azucareros, gestionó la creación de la Compañía Nacional Azucarera Nacional. (Conasa) que administró varios ingenios que tenían dificultades económicas. Atilio Santillán murió asesinado a balazos por un grupo comando el 22 de marzo de 1976 cuando se encontraba en la oficina de la Fotia en Buenos Aires. Tenía 40 años de edad, era padre de 5 hijos y propietario de una casa en un barrio de Bella Vista que era su único bien. Vivió sus últimos tiempos amenazado por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), como también por los grupos de extrema izquierda que pretendía inducir sus decisiones al frente de la FOTIA. En el año 1973, después de perder las elecciones internas, del partido justicialista, hecha para elegir candidatos a gobernador, publicó una carta a la que tituló: “Mi respuesta al beso de judas”, expresando en la misma: “ni siquiera tuvieron en cuanta el riesgo que tuvimos al recibir al Presidente Lanusse que asumió frente a todo Bella Vista el compromiso de la definitiva solución de nuestros problemas, Jugando Nuestras Vidas en la Patriada puesto que no tengo ninguna duda que con éste hecho nos hemos ganado un lugar en la lista que desprecian los revolucionarios. dios sabe que jamás entregue a nadie, pero las balas que mataron a valor y a Alonso no perdonan”. Quien escribe estas líneas al despedir los restos de Santillán en el cementerio de Bella Vista el 24 de marzo de 1976 expresó lo siguiente: “Ayer me enteré de que Santillán se opuso siempre a tener guarda espaldas, aún amenazado de muerte, porque se negaba a que alguien tuviese que perder su vida para salvar él la suya. Aquí está este cuerpo y este mensaje, esta enseñanza que ya vivimos en las duras jornadas de Bella Vista. Atilio luchó siempre por su pueblo, trabajó por lo pobres, por los humildes, para los trabajadores, para ellos quería trabajo seguro y jornales dignos. Este crimen ‘bárbaro’ oprime nuestros corazones, pero no debe oscurecer nuestras mentes: ante este luchador y su holocausto juremos trabajar por una patria sin odio y sin rencores, sin muertos y sin violencia, sin desaparecidos y sin secuestrados”.

Manuel Roberto Valeros 

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