Las recientes definiciones del Dr. Ricardo Arriazu en su entrevista (LA GACETA, 22/03), no solo interpelan al sector económico, sino que sacuden las bases de la planificación técnica y el compromiso con el desarrollo del NOA. Coincido en que atravesamos un cambio de paradigma estructural. Arriazu señala que el crecimiento vendrá desde las provincias, impulsado por la energía, la minería y el agro. Sin embargo, ese impulso no será automático si no media una ética de responsabilidad profesional que supere la inercia actual. El progreso que se vaticina exige una infraestructura a la altura del desafío: no hay Argentina exportadora ni expansión productiva posible si nuestras redes viales, sistemas de riego y servicios básicos siguen operando bajo esquemas de parche y emergencia. Muchos dicen: el problema es el financiemiento. Para lograr este salto cualitativo, sería imperativo profundizar en esquemas de Participación Público-Privada (PPP). No estamos inventando la pólvora; en el mundo sobran ejemplos notables (como la autopista Vasco da Gama en Portugal o el Puerto de Melbourne en Australia, etc.) donde el riesgo compartido permitió obras de envergadura sin asfixiar el presupuesto público. En nuestra propia historia local, ya hemos transitado estas sendas, ejemplo: durante la gobernación Ortega, se impulsaron iniciativas que buscaban integrar el capital privado en la gestión de servicios e infraestructura, demostrando que la articulación entre ambos sectores es una herramienta técnica y política válida, más allá de los signos partidarios. La transición de la que habla el economista, donde la velocidad de la destrucción suele superar a la de la creación, nos obliga a ser muy ágiles. Me preocupa que el crecimiento no quede atrapado en los escritorios “del puerto”. En Tucumán contamos con el conocimiento para traccionar este cambio, pero la inversión real en obras debe acompañar la visión macroeconómica para que el desarrollo regional sea capacidad instalada que perdure. La “confianza” mencionada en la entrevista es, para nosotros, el cálculo de resistencia que sostiene cualquier proyecto a largo plazo. Si el norte argentino ha de ser el motor de esta nueva etapa, los cimientos deben ser lo suficientemente sólidos como para no volver a tropezar con las mismas piedras.
Rogelio Esteban Giraudo
r.giraudo@gmail.com