El presidente Milei ha sabido construir un discurso y una forma de expresarse, aunque a muchos no nos gusta la forma porque vemos que no corresponde a su jerarquía, que ha resultado creíble para buena parte de la sociedad. Supo hacerse oír, y por su carisma ha llegado a construir su poder político. Su habilidad es haber podido volcar a su favor esa gran frustración social causa de los desaciertos anteriores, las arbitrariedades, y las reiteradas estafas cometidas contra el país y sus ciudadanos. Milei ha recogido ese hondo desencanto y resentimiento colectivo, y supo convertirlo en un fervor que no se puede desaprovechar. El kirchnerismo nos dejó además de la crisis económica, la altísima y descontrolada inflación, una gran fragilidad institucional, un sistema mafioso en las corporaciones, incumplimiento de la ley, derrumbe de los partidos políticos, un repliegue de la educación pública y un pavoroso auge del narcotráfico. Pero ese descontento colectivo fue capitalizado por un gobernante decidido a cambiar al precio que fuere,  aún con sus formas no convencionales para su jerarquía. Hubo ya cambios estructurales en la macroeconomía, con resultados más que satisfactorios. Pero en la micro falta mucho. Todavía hay mucha pobreza, empresas y comercios que cierran con la consiguiente desocupación, y droga e inseguridad en varios sectores marginales. La tarea por delante es ardua. Es necesario avanzar para terminar de recuperar lo perdido: el respeto por la Constitución, la dignidad de las instituciones, la equidad social asentada en una mejor educación, mayores oportunidades para todos, y mejores condiciones que lleven al crecimiento y desarrollo. Para seguir remontando la cuesta del deterioro y la decadencia, el gobierno deberá poner en juego recursos culturales, lucidez política, y habilidad para lograr consensos, y unir a los argentinos en el camino del trabajo, del mérito, con  ética y valores. “La moral como política de Estado”  como lo dijo en el Fenoa, idea que ya estaba en Adam Smith. Y ser inflexible con aquellos funcionarios que se aparten de lo ético. En este duro proceso de reacomodamiento de la microeconomía, habrá gente desplazada que deberá ser asistida hasta que vuelva a reinsertarse. Pero hoy es también indispensable un mayor compromiso de la dirigencia en general, de las entidades intermedias, que deben opinar, señalar errores y aportar ideas y proyectos serios y realizables, en bien de la República.

José Manuel García González

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