Cuánto vale una pelota parada cuando el reloj ya no ofrece segundas oportunidades. Cuánto pesa un envío al área cuando todo parece escrito. A los 98’, en el último suspiro de la noche sanjuanina, apareció Jorge Juárez para empujar esa ilusión que parecía apagada y transformarla en un empate agónico. San Martín encontró en ese instante lo que no había podido construir en casi todo el partido: eficacia, presencia y un punto que, por cómo se dio, termina siendo de oro.
Porque hasta ese desenlace, el equipo de Andrés Yllana transitó un partido incómodo, lejos de la versión que había mostrado frente a Nueva Chicago. No logró sostener aquella fluidez ni esa claridad en ataque, y le costó meterse en el ritmo que proponía el juego. Aun así, nunca dejó de intentarlo, incluso cuando el desarrollo parecía cerrarse.
Ariel Martos planteó un partido inteligente y sus dirigidos ejecutaron ese plan con precisión. El “Verdinegro” bloqueó los circuitos, cerró espacios y obligó a San Martín a buscar alternativas que no siempre aparecieron. El gol tempranero, a los 5 minutos, tras el centro de Hernán Zuliani y la aparición de Federico Murillo, condicionó el desarrollo. Desde ahí, el “Santo” tuvo que remar desde atrás en un contexto adverso.
El encuentro se volvió friccionado, con poco juego asociado y muchas interrupciones. En ese escenario, San Martín intentó encontrar respuestas. Facundo Pons contó con algunas oportunidades en el complemento: un remate tras centro de Lucas Diarte y otro intento luego de un pase de Lautaro Ovando, pero le faltó precisión en los metros finales. También hubo un cabezazo tras un envío de Víctor Salazar que terminó invalidado por falta en ataque.
Yllana movió el banco buscando aire fresco. El ingreso de Matías García en el inicio del segundo tiempo y luego el de Diego Diellos apuntaron a darle mayor movilidad al equipo. Pons, que había hecho un desgaste importante, se mantuvo en cancha hasta que el desarrollo pidió variantes. El equipo, de a poco, fue adelantándose y comenzó a merodear el área rival, aunque sin lograr concretar.
Si bien hubo pasajes donde el nivel no fue el esperado, también es cierto que el equipo no perdió la convicción. Incluso en un partido que por momentos recordó a aquel primer tiempo ante Deportivo Maipú, San Martín se sostuvo en la búsqueda. Le faltó claridad en la generación y mayor solidez en algunos tramos defensivos, pero siempre se mantuvo en partido.
Y cuando parecía que no alcanzaba, apareció esa jugada final. Tiro libre, pelota al área del “Caco” y Jorge Juárez atacando el espacio con decisión. El ex San Miguel se hizo gigante en el momento justo y cambió el destino del encuentro. Fue el premio a la insistencia, al empuje y a no bajar los brazos.
San Martín sabe que debe mejorar, que tiene aspectos por ajustar en su funcionamiento y en la regularidad. Pero también entiende que estos puntos, los que se rescatan en el final, pueden ser determinantes. En una categoría donde cada detalle cuenta, el “Santo” se llevó de San Juan algo más que un empate: una muestra de carácter y un impulso anímico clave para lo que viene.