La salud financiera de los hogares argentinos muestra señales críticas. Según el último informe de la consultora 1816, la morosidad de las familias creció en enero por decimoquinto mes consecutivo, alcanzando un promedio general del 10,6%, el nivel más alto en dos décadas. Sin embargo, el dato más preocupante se encuentra fuera del sistema bancario tradicional: en las entidades no financieras, la irregularidad ya supera el 27%.

La trampa de la desinflación y las tasas fijas

El fenómeno responde a un cambio de paradigma económico. Históricamente, la inflación "licuaba" las deudas, pero el escenario actual de tasas activas reales (que promediaron un 40% anual en bancos y hasta un 150% en fintechs) y una desaceleración de precios está encareciendo las cuotas en términos reales. 

Con créditos personales a tasa fija y plazos de 2,5 años, el peso del repago sobre los ingresos familiares se ha vuelto insostenible para muchos sectores.

El caso Ualá bajo la lupa

En este escenario, la fintech Ualá quedó en el centro del debate tras trascender indicadores de mora de entre el 43% y el 63% en distintas carteras. Desde la compañía liderada por Pierpaolo Barbieri explicaron que estas cifras son "distorsiones técnicas" derivadas de su transición hacia una licencia bancaria. 

Al migrar los mejores perfiles crediticios a su banco, la cartera residual del Proveedor de Servicios de Pago (PSP) quedó compuesta mayoritariamente por créditos morosos, elevando artificialmente el índice. 

No obstante, la firma admitió que, incluso aplicando criterios contables estándar (como el "write-off"), su morosidad se ubicaría cerca del 17%, una cifra que duplica la de competidores como Naranja X (9%). Pese a haber cerrado recientemente una ronda de inversión de U$S 195 millones, el mercado sigue con atención los balances de la matriz Bancar Technologies, que reportó pérdidas netas por U$S167 millones en 2024.