Rodeados de bolsas de consorcio, cajas, bombos y banderas, una veintena de jóvenes de las divisiones inferiores de Tucumán de Gimnasia esperan ansiosos junto a sus profesores el arribo del ómnibus que los trasladará hacia Monteros para ver al plantel de Primera en su histórico debut en semifinales. Natividad Medina, entrenadora de las inferiores femeninas, lidera la logística. “Siempre tratamos de acompañar a las categorías mayores. Es una experiencia valiosa para ellos porque trabajan para algún día ser parte de lo que hoy van a ver desde cerca”, asegura.

Mientras todos colaboran para subir las donaciones al colectivo, Karihen Fortuny, jugadora del equipo principal femenino, sirve como guía para las más chicas. “El club está creciendo, nosotras ascendimos y los varones están en la semi, es algo histórico”, asegura. Pero más allá del éxito deportivo, la sensación de formar parte del club es lo que más disfrutan. “Es como una familia; alentarnos y apoyarnos entre las distintas categorías suma un montón, y estar ahí, hacernos sentir con los bombos y las banderas es algo hermoso”, agrega.

En el caso de los chicos, algunos viajan con una doble función: no solo serán hinchas, sino también baloneros. Lucio Vega tiene 14 años y es uno de ellos. “Es más lindo lo que me toca a mí: veo de cerca, toco las pelotas, es más ‘piola’ que ser solo hincha”, valora, aunque, un poco en serio y un poco en broma, presenta una queja. “El otro día fue mi primera vez como balonero, ¡y fue una tortura! Tuve que limpiar el piso, y después los jugadores me pedían que haga tiempo”, recuerda, entre risas, el adolescente que hasta hace poco jugaba en Sportivo Manantial, pero con todas estas experiencias ya se siente parte de Tucumán de Gimnasia.

“¡Apuren que no llegamos!”, fue el grito que bajó del ómnibus. Todos aceleraron el paso, y pasadas las 17, el sueño de la familia del “Lobo” partió rumbo a Monteros.