Para muchos estudiantes de medicina, el tercer año de la carrera funciona como un “embudo” que obliga a dejar de lado cualquier actividad extraoficial. Para Martina Peralta, sin embargo, ese fue el momento exacto en que decidió que el hockey no sería una negociación. A los 24 años, recién recibida y con el título de médica bajo el brazo, la delantera de Tucumán Rugby demuestra que la organización y el amor por los colores pueden vencer al cansancio de las guardias y los libros.
“Desde los cinco años juego en el club; el hockey es toda mi vida”, cuenta Martina a LA GACETA. Su historia no es casual: viene de una familia en la que el palo y la bocha están en el ADN. Sus padres se conocieron en una cancha y sus abuelos también fueron parte de esta mística. Pero el camino fue sacrificado. “Vi a mi hermana tener que dejar el deporte en tercer año porque la carrera te consume. Yo me propuse que, como sea, me iba a organizar para no dejar lo que me divierte por la facultad”, relata.
La rutina del sacrificio
Viviendo en Yerba Buena y cursando en el centro tucumano, el reloj fue su principal adversario. Martina debía levantarse a las seis de la mañana para estar en la facultad a las siete, y su jornada académica se extendía hasta entrada la tarde. “Cursaba desde temprano y volvía a casa a las ocho de la noche. Me cambiaba rápido y salía para el club a entrenar; terminaba muerta. Los fines de semana, mientras otros salían, yo usaba los domingos de forma estratégica para estudiar a fondo y compensar el tiempo que le dedicaba al hockey”, recuerda sobre sus años de formación.
Esa disciplina dio sus frutos: Martina se recibió en tiempo y forma a los 23 años. El esfuerzo no fue gratuito y exigió madurez para entender las prioridades del momento. Aunque confiesa que debió relegar protagonismo deportivo en etapas críticas —bajando de Primera a Intermedia debido a su ausentismo en algunos viajes para cumplir con los exámenes finales y las rotaciones—, nunca cortó el vínculo con su pasión. “Siempre traté de ver al hockey como un lugar para despejarme; si lo ves como una obligación, terminás dejando. Para mí es el espacio para compartir con mis amigas y desconectar de la presión del hospital”, asegura.
Unir los dos mundos
Hoy, la flamante médica se encuentra en una etapa de transición hacia la especialidad en Traumatología infantil, siguiendo los pasos de su padre. Pero la medicina no la alejó del deporte; de hecho, generó un nuevo y enriquecedor punto de encuentro. Al enterarse de su graduación, la Asociación Tucumana de Hockey comenzó a convocarla para cumplir un rol diferente: cubrir torneos desde el costado de la cancha como profesional de la salud.
“El año pasado estuve como médica en el Argentino de Selecciones Sub-16 y Sub-19. Estaba ahí, trabajando con mi maletín pero viendo hockey todo el día; estaba chocha”, relata con entusiasmo. Es el cierre perfecto para una etapa de formación: hoy cuida a las jugadoras que, como ella hace unos años, sueñan con llegar a lo más alto sin descuidar sus proyectos personales fuera del sintético.
El hospital y el club
Aunque sabe que la residencia médica será un desafío mayor por la carga horaria y las guardias, Martina no tiene en sus planes colgar el palo. Su mirada está puesta en cómo compatibilizar las exigencias del hospital con los entrenamientos, entendiendo que el club es su cable a tierra. “No sé si me veo un sábado sin ir al club. Es mi lugar en el mundo. Mi idea es tratar de seguir, ver hasta dónde llego y si aguanto el ritmo, pero no me gustaría dejar el hockey por la medicina”, concluye.
En definitiva, su historia es la de quien entiende que las pasiones no tienen por qué ser excluyentes. Entre ambo y protectores bucales, su recorrido deja una enseñanza clara para los jóvenes deportistas: la carrera profesional no tiene por qué ser el final de la vida deportiva, sino también una nueva etapa donde el orden y la voluntad permiten mantener vivos ambos mundos. Mañana podrá ser el turno de una nueva cirugía o una guardia eterna, pero para Martina, el próximo sábado siempre habrá un partido esperándola en el club.