En el cruce de las rutas nacional 9 y provincial 306, en jurisdicción de la Banda del Río Salí, la crisis de circulación se traduce en elevado riesgo para quienes circulan por allí, a causa del intenso tránsito, a pesar de que con  un semáforo se intenta ordenar el movimiento. Las autoridades están aplicando, además, control mediante cámaras con las que se filman infracciones y luego aplican un sistema de multas que genera polémica debido al modo en que se informa de las faltas y a las dudas sobre la validez de esta práctica. No obstante, un funcionario municipal, que afirma que es válido el sistema preventivo, asegura que esto ha redundado en una sustancial disminución de los accidentes y de la cantidad de infracciones.

Es de destacar que se trata del principal acceso por vía automovilística a la capital tucumana. Por la ruta 9, que se encuentra en pésimo estado, ingresan en temporada de vacaciones la mayoría de los visitantes desde el sur del país; y por la ruta 306 ingresan vehículos del este tucumano, desde San Andrés hasta Leales. En un extenso informe vial de 2020, con miras a resolver los graves problemas que se generan en el sector de la ruta 9 entre la ruta 302 al este y la avenida de circunvalación (ruta 38) se señala que la interconexión entre las rutas provinciales y nacional no están adecuadamente resueltas en términos de diseño vial, lo cual contribuye a problemas de tránsito y conectividad y tiene una fuerte incidencia en la tasa de accidentes de la provincia. La ruta 9 es demasiado angosta -una única calzada de 7,30 m de ancho con un carril en cada sentido de circulación- lo cual limita seriamente su capacidad de carga y generan problemas de congestión y accidentes, así como se condiciona el movimiento de tránsito pesado que moviliza cargas que se desplazan de la provincia al resto del país. En esta zona está el congelado proyecto de mejora de la ruta hacia Termas de Río Hondo.

Tal como se consigna en la crónica del viernes,  en la esquina de 306 y 9 hay constantemente largas filas de vehículos, bocinazos y conductores que deben esperar cuatro o incluso cinco ciclos del semáforo para poder avanzar unos metros. Y cuando la paciencia se agota, empiezan las infracciones, señala la crónica. Algunos autos intentan ganarle al amarillo y cruzan cuando la luz roja ya está encendida; otros optan por adelantarse por la banquina, buscando evitar la fila interminable sobre el asfalto. Todo en medio de la circulación de todo tipo de vehículos, incluso carros de tracción a sangre. En este caos confuso se aplican las cámaras que detectan infracciones.

Un experto en tránsito advierte que está cuestionada la legalidad de este sistema, que se aplica en muchas ciudades del país como forma de presión para que los conductores se acostumbren a bajar la velocidad y respetar las señales viales. También es un controvertido modo de recaudación, lo cual es uno de los principales argumentos para cuestionar esta práctica.

Convendría que se determine con claridad el modo en que se aplica el sistema y se comunique las infracciones por modos legales y no por mensajes de texto por vía Whatsapp a infractores o a sus familiares.

Por otra parte, sería importante que se vea la forma de comenzar a ejecutar medidas de solución en el marco de los estudios ya realizados en la zona para agilizar la circulación y mejorar la circulación vial. Esto es, aplicar medidas urbanas como ampliación de calzadas, cuidado de banquinas, mantener adecuadas iluminación y pintura vial y ordenar la circulación de tránsito pesado, además de obras de mayor envergadura, que habría que encargar en cuanto sea posible.