Este miércoles, poco antes de las 20 hs iba pasando por el Hospital Padilla. Un hombre cayó desmayado en la vereda, a metros de la puerta de ingreso. La gente que estaba afuera empezó a avisar a la guardia (una mujer joven); al ver que no actuaba me acerqué a decirle que llame un médico. Con total indiferencia bajó las escaleras y miró hacia el hombre en el piso. Yo no podía creer tanta falta de humanidad. Le reclamé nuevamente y en ese momento salió un guardia de la empresa privada que estaba en el sector de ambulancias y comenzó a gritarme a mí y a un señor que también pedía que actuaran. Entre tantas cosas y gritando me dijo que lo atendiera yo. Me exhibía la credencial de manera desafiante y hasta mencionó un apellido vinculado con la empresa para la que trabaja. Una situación angustiante de la que muchos fueron testigos. ¿Hasta cuándo vamos a contribuir con nuestros impuestos a personas sin capacidad de acción y contención con actitudes patoteras como estas? Me pregunto si no había una sola persona empática y responsable que llamara al orden a este pésimo empleado con semejante desapego emocional. Vivimos tiempos de guerra. La guerra empieza cuando un ser humano pierde interés por otro ser humano. Es hora de tenerlo presente.

Norma Nelegatti                                 

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