El recorrido de un futbolista rara vez es lineal. Se construye con decisiones, cambios de contexto y desafíos que terminan moldeando la identidad dentro de la cancha. En Benjamín Borasi, esa idea aparece con claridad. Su carrera combina raíces en el interior bonaerense, experiencias en distintos niveles del fútbol argentino y una apuesta fuerte por salir al exterior. Hoy, ese trayecto lo encuentra en San Martín, donde empieza a escribir un nuevo capítulo en un club que convive con una exigencia permanente: pelear por el ascenso.
Su llegada coincidió con un proceso de renovación en el plantel que conduce Andrés Yllana. En ese escenario, Borasi se metió rápidamente en el equipo titular y formó parte del “11” inicial en los primeros partidos del torneo. El arranque, sin embargo, dejó sensaciones variadas. El empate del debut estuvo atravesado por la ansiedad propia de jugar por primera vez ante la gente en La Ciudadela. “En el primer partido por ahí nos jugó un poco en contra la ansiedad y las ganas de ganar el primer partido de local”, explicó el extremo.
El triunfo posterior frente a Almagro, en José Ingenieros, permitió liberar tensiones y mostró una versión más suelta del equipo. Allí llegó también su primer aporte decisivo: la asistencia para el gol de Nicolás “Fosa” Ferreyra, una jugada que reflejó con claridad el rol que el cuerpo técnico pretende de él. “Me pide que le dé profundidad al equipo, que intente desbordar y meter centros. También ayudar en defensa, pero más que nada ir para adelante e intentar desequilibrar”, detalló.
Sin embargo, el 2-2 posterior frente a Deportivo Maipú, en La Ciudadela, volvió a mostrar que el equipo todavía atraviesa un proceso de construcción. San Martín reaccionó en el marcador, pero dejó al descubierto algunos desajustes y la sensación de que aún le falta continuidad en el funcionamiento. “Creo que falta conocernos más, algo que se va a ir dando con el correr de los partidos”, señaló.
Ese período de adaptación también tiene una explicación en su recorrido reciente. Antes de desembarcar en Tucumán, Borasi pasó más de dos años fuera del país, una experiencia que lo llevó al ascenso brasileño. Fue una decisión poco habitual dentro del fútbol argentino, pero que asumió como un desafío personal. “Me presentaron ese desafío de ir al fútbol brasileño y creí que era un paso lindo donde podía crecer bastante”, recordó.
Su paso por Brasil
En Brasil vistió las camisetas de São Luiz, Paysandu y Criciúma, clubes que le permitieron conocer otra forma de vivir el fútbol. Dentro de la cancha encontró diferencias claras con el estilo argentino. “Allá se intenta jugar más, salir desde abajo y juntar pases. Creo que es un fútbol más técnico y menos físico”, explicó. “Acá es más luchado, más de pelota dividida, donde no se da una jugada por perdida nunca”, comparó.
La experiencia brasileña también le dejó recuerdos curiosos fuera del campo. Una de las cosas que más le llamó la atención fue la fuerte presencia de la religión en la rutina de los equipos. “Son muy creyentes. Antes de los entrenamientos y antes de salir a la cancha se reza”, contó. A eso se sumaban los viajes interminables dentro de un país de dimensiones gigantescas. “Brasil es muy grande. A veces tenés que tomar dos aviones y un colectivo para llegar a la ciudad donde jugás”, relató.
El ascenso en Junín
Antes de esa etapa internacional, Borasi había construido buena parte de su carrera en el interior de la provincia de Buenos Aires. Nació en Rojas y dio sus primeros pasos en el club El Huracán. Ese recorrido lo llevó luego a Sarmiento de Junín, donde vivió uno de los momentos más importantes de su carrera.
Allí fue parte del proceso que culminó con el ascenso a Primera, una experiencia que hoy considera clave en su formación. Haber integrado un plantel con un objetivo claro y sostenido le dejó enseñanzas que intenta trasladar a su presente en San Martín. “Creo que una de las claves para ascender tiene que ser el grupo y la pelea sana por el puesto, porque eso potencia a todos”, explicó.
Su decisión de llegar a Tucumán estuvo atravesada justamente por esa dimensión del club. Tras su paso por Brasil sentía la necesidad de volver a Argentina y reencontrarse con costumbres que extrañaba. Cuando apareció la posibilidad de vestir la camiseta del “Santo”, la respuesta fue inmediata. “Cuando me presentaron San Martín no lo dudé. Siempre fue un club que me gustó, más que nada por su gente”, aseguró.
Borasi ya había jugado en La Ciudadela como visitante y sabía lo que significa ese estadio para cualquier futbolista del ascenso. “Fue algo muy lindo que me marcó”, recordó sobre aquella experiencia previa. Hoy, en cambio, le toca vivirlo desde adentro, con la responsabilidad de defender una camiseta que exige protagonismo.
Por eso, su presente se entiende más como un proceso que como una conclusión. Tiene características que pueden resultar valiosas para el equipo, ya dejó algunos indicios en sus primeros partidos y cuenta con un recorrido que lo respalda. “Espero dar mi mejor versión cuando termine de acomodarme y ayudar al equipo con el uno contra uno, con centros, con pases y también con goles”, cerró.