Las consolas de videojuegos se encienden cada vez menos. El entretenimiento rápido es el principal rival según los relevamientos más actualizados que hizo la consultora Epyllion. TikTok, los sitios de apuestas y el contenido para adultos, todavía tienen el estatus de amenaza y funcionan como una incómoda razón para esforzarse más de la cuenta.

El jugador tradicional, definido como aquel que goza del juego en modo historia, está agotándose. Los juegos siguen una línea repetitiva o que intentan dar sermones políticos en vez de exaltar situaciones de escapismo, por ejemplo, hacen que el usuario prefiera apagar la consola. Y no es que abandona la práctica de esa clase de ocio, sino que muta hacia las alternativas que son por demás seductoras.

La migración

Son escenarios en los que sobresalir es muy complejo. La atención de los jugadores está migrando hacia otros territorios que antes eran marginales. El ciclo de crecimiento que siempre experimentaba el sector de los videojuegos empezó a romperse tras la pandemia. 

Uno de los daños colaterales que generó la crisis sanitaria mundial de 2020 causó una ola de despidos. Es que durante la pandemia, las empresas contrataron de forma excesiva y ahora están "ajustando" sus presupuestos para mantener los márgenes de beneficio que exigen los inversores.

La facilidad que ofrece el mundo del entretenimiento de juegos en red hace que los usuarios ya no estén atados a una caja conectada a la tele. Así el jugador puede empezar su partida en el transporte público (en el celular) y terminarla en casa, o viceversa. 

El informe de la consultora Epyllion analizó el comportamiento de mercados clave en países como Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Alemania, Francia e Italia que antes de la Covid concentraban cerca del 60 % del gasto global en videojuegos. Desde entonces, la cantidad de jugadores activos viene cayendo de forma sostenida.

El videojuego tradicional compite ahora con modelos que no exigen aprendizaje, compromiso prolongado ni inversión inicial alta. El informe no habla de un colapso inminente, pero sí de una transformación estructural. El sector sigue siendo rentable, pero la atención está fragmentada y cada minuto cuenta.

El videojuego ya no juega solo desde hace tiempo y debe enfrentarse a sistemas que explotan el tiempo libre sin pedir muchi a cambio.