Es de público conocimiento el bochornoso proceso de aprobación de la llamada ley de “Modernización Laboral “ a través de un trámite express, ejecutado con la obscenidad de los impunes en el marco de sesiones extraordinarias que -como su nombre lo indica- solo admiten el tratamiento de cuestiones especiales durante el receso estival. El oficialismo gobernante trató de aprovecharse de la distracción colectiva que impera en los meses de verano e introdujo el tratamiento de la cuestión de mayor trascendencia de la historia legislativa argentina, ya que el cambio diametral de paradigmas que propuso, e hizo aprobar, en el derecho laboral de nuestra patria connota una reforma constitucional encubierta , de facto y viciada de la más absoluta e insanable nulidad, por los procedimientos amañados que se utilizaron en ambas cámaras, en las que el dictamen de mayoría (a la postre aprobado) recién se conoció en el recinto, obviando así el esencial paso de su notificación a la totalidad de los legisladores. Pero hay que aclarar que, para llegar a ese resultado, el gobierno tuvo que negociar con al menos tres “castas”. Negoció con la “casta de los gobernadores” , a quienes con seguridad les prometieron que, con quienes fueron dialoguistas, iban a cumplir la ley de coparticipación que por derecho les corresponde, a la vez que iba a permanecer “intocado” el impuesto a las ganancias, etc. Etc. Con la “casta de los bancos” negoció que los sueldos se seguirían pagando a través de los mismos y no por medio de billeteras virtuales. Y -lo que es más grave- con la anacrónica “casta de la CGT “, llegaron a un acuerdo para que sigan administrando esa gran caja que son las obras sociales. Como se puede apreciar, la única que quedó librada a su suerte fue la clase (no la casta) trabajadora, a la que además de quitarle todos los derechos habidos y por haber en su vida activa, convirtiéndolos en parias esclavizados, se le puso en riesgo su futura jubilación, ya que con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de Anses se deberán financiar los despidos a través del FAL (Fondo de Ayuda Laboral ), el que para los trabajadores es ni más ni menos que una ametralladora letal tendiente a exterminarlos, tanto si son activos como si son pasivos .Es en este escenario catastrófico que reclama su lugar el equilibrio cósmico. Pues, para suerte de los trabajadores, la pomposamente llamada “ Ley de modernización laboral” es obscenamente inconstitucional, ya que el artículo 14 bis del plexo magno no es un mudo testigo de su flagrante violación, por lo que alza su voz en defensa de los que no tuvieron voz en el afrentoso proceso de pretender insolentemente cambiar los paradigmas. Acá es en este punto que aparece en escena Kelsen, blandiendo su célebre pirámide jurídica, para recordarle al poder constituido (Cámaras de senadores y diputados) que todas las leyes que sancionen deben ajustarse a lo legislado en la Carta Magna tanto en su letra como en su espíritu. Por ello los mismos Tribunales del Trabajo que la modernizadora ley pretende suprimir, no hesitarán en declararla inconstitucional, convirtiendo en pírrica la hipotética victoria que implicó para el Gobierno. Como sabiamente decía el autor del art. 14 bis, el ilustre Crisólogo Larralde, “...habrá aniquilamientos y exterminios, habrá derrotas sin profundidad y victorias sin alas, por lo que no se podrá distinguir el padecimiento del vencido y el gozo del triunfador...”.
Antonio Raed
Pasaje José Camilo Paz 3.274 - S. M. de Tucumán