La ciencia y la naturaleza nos han demostrado que nada es absoluto, porque todo es relativo; como también el saber ancestral humano nos enseñó que todo lo bueno esconde lo malo y viceversa. Este panorama sencillo del quehacer humano se observa no solo durante la discusión sobre una nueva ley sino en el mensaje de instituciones y pensadores del ámbito nacional. Las normas nunca serán perfectas; para ello están los organismos tanto fiscales como particulares del ámbito nacional que invierten grandes sumas de dinero en asesoramiento para analizar, reflexionar y corregir, proponiendo disposiciones orientadas al mejoramiento, progreso y desarrollo de la nación. Por cierto, no puede primar la tozudez ni mucho menos el engrandecimiento del ego porque el perjudicado será el pueblo del que se obtienen los sueldos del grupo político. En las recientes horas parlamentarias no se observó respeto ni educación y menos dignidad como nos enseñaba León Tolstoi (1828-1910). El novelista ruso dijo en una de sus obras: “no hay grandeza donde falta sencillez, bondad y verdad”. No es desconocido que muchos de los parlamentarios han vivido en los hemiciclos desde su juventud por lo que sus actuaciones debieran ser verdaderas cátedras no sólo para quienes se inician en ese quehacer sino para todos los oyentes y televidentes. Algunos de los discursantes mostraron visos de analfabetismo pues lejos de terminar su alocución al escuchar en tres veces la “chicharra” que indica el fin del tiempo asignado para su discurso continuaban hablando aun incluso de la llamada de atención del presidente sin importar el contenido del reglamento de los diputados. La nueva definición de analfabetismo sentenciada por la Unesco en 1975, dice: “analfabeto, es aquel que no comprende el más mínimo texto verbal ya sea oral o escrito”. Por eso, el recordado monologista Mauricio Borenstein (Tato Bores) anotaba: “más requisitos exigen a una empleada doméstica que para ser diputado”. Muchas instituciones, sin que la ley se haya promulgado, consideran que las aprobaciones de senadores y diputados serán un lastre social generador de atraso. Empero, no aportan razones técnicas y jurídicas de mejoramiento, cumpliéndose lo que el psicoanalista alemán Erich Fromm (1900-1980), dijo: “las sociedades enfermas producen líderes enfermos que se alimentan de la ignorancia”. Las expresiones del pensador germano ahondaban en su pensamiento: “Las tres cosas esenciales que forman al ser humano son: los buenos valores (no aclaró si había malos valores), el respeto y la humildad”. Sin embargo, hay esperanza del advenimiento de tiempos mejores.

Fernando Sotomayor                                                      

Alberdi 139 - S. M. de Tucumán