Tomás Etcheverry protagonizó una de las semifinales más extensas y desgastantes que se recuerden en el ATP 500 de Río de Janeiro. En los papeles, el partido ante el checo Vit Kopriva duró 3 horas y 43 minutos. Pero la realidad fue otra: el encuentro se extendió durante casi 22 horas entre interrupciones, suspensiones y reanudaciones.

El duelo comenzó el sábado a las 17 y apenas pudo completarse el primer set. Cuando Kopriva estaba 5-4 arriba, la lluvia obligó a frenar la acción. Recién el domingo se cerró ese parcial con victoria para el europeo. El segundo set fue una batalla que se resolvió en el tie-break (7-6 para el argentino), pero otra vez las condiciones climáticas dijeron basta: el calor extremo forzó una nueva pausa.

Tras varias horas de espera, el tercer capítulo volvió a definirse en un tie-break cargado de tensión. Allí, el platense fue más sólido y selló el triunfo por 4-6, 7-6 (2) y 7-6 (4). Exhausto, se desplomó sobre el polvo de ladrillo como si hubiera ganado un título. Y aunque aún falta la final, la sensación fue la de haber conquistado algo más que un partido.

El encuentro terminó a las 15.15 y el descanso será mínimo. Este mismo domingo, desde las 17.30, Etcheverry volverá a la cancha para enfrentar al chileno Alejandro Tabilo en la final. Será una oportunidad histórica: el argentino nunca ganó un torneo ATP y en Río tendrá la chance de levantar su primer trofeo de 500 puntos después de una semifinal que ya quedó en la memoria.