Febrero en Nueva York no es una postal amable. El viento corta la cara, la nieve se acumula en las esquinas y el cielo parece suspendido en un gris constante. Y, sin embargo, en medio de ese invierno todavía fresco, la ciudad late distinto. Es semana de la moda. Las veredas se llenan de tapados largos, botas altas y corridas de último momento. Adentro, las luces se encienden y todo empieza.

LA GACETA Lifestyle estuvo presente en la edición de Runway 7 durante New York Fashion Week, en una jornada dedicada a la moda argentina que tuvo un momento inesperado: un homenaje a Diego Maradona en pleno corazón de Manhattan.

Runway 7: la plataforma que abrió la puerta

Runway 7 es una de las plataformas independientes que forman parte del calendario de NYFW. Funciona como vidriera para diseñadores emergentes y marcas internacionales que buscan posicionarse en el mercado estadounidense. No es el circuito tradicional de las grandes casas históricas, pero sí un espacio estratégico donde confluyen prensa, compradores y creadores de distintos países.

En esta edición especial, Runway 7 organizó un desfile dedicado a marcas argentinas, consolidando un puente cultural entre Buenos Aires y Nueva York. En un contexto donde la moda latinoamericana gana presencia global, la propuesta fue clara: mostrar identidad, oficio y narrativa.

El homenaje a Diego Maradona en plena pasarela

En medio del desfile, cuando las colecciones ya habían presentado sus primeras salidas -sastrería marcada, abrigos largos, cuero y una paleta que osciló entre los neutros invernales y acentos intensos- la música cambió. Las pantallas proyectaron imágenes de Diego Maradona. Fue un homenaje que interrumpió el ritmo habitual de la pasarela para instalar otro lenguaje: el del deporte convertido en símbolo cultural.

En primera fila estaban sus hijas, Dalma Maradona y Gianinna Maradona, acompañando el momento. Después del desfile pude conversar brevemente con Dalma, que destacó lo significativo que resultaba ver la figura de su padre homenajeada en un espacio como la semana de la moda de Nueva York, en una noche dedicada a la identidad argentina.

El gesto no fue casual. Diego Maradona no fue sólo un futbolista. Fue un ícono visual. Su imagen trascendió el deporte: las camisetas, el número diez, los rulos, la mirada desafiante, el estilo personal que combinaba lujo, exceso y autenticidad. Fue protagonista de campañas, inspiró colecciones y marcó una estética reconocible. En los años noventa, su figura dialogaba con el universo de la moda internacional; décadas después, su imagen sigue siendo reinterpretada en remeras, chaquetas y referencias gráficas.

Ese cruce entre deporte y moda no es nuevo, pero en este contexto adquirió otro sentido. En una ciudad donde las grandes marcas construyen relatos globales, la pasarela argentina eligió narrar desde sus propios símbolos. El fútbol, como lenguaje universal, y la moda, como industria cultural, se encontraron en un mismo escenario.

En primera fila estaban sus hijas, Dalma y Gianinna Maradona, acompañando el momento. Después del desfile, Sol García Hamilton habló con Dalma Maradona y la entrevista completa se puede ver en el canal de YouTube de LA GACETA.

Vivir la ciudad

Caminar por Nueva York durante Fashion Week es ver cómo la ciudad se convierte en pasarela. No hace falta entrar a un desfile para sentirlo. Afuera, en las veredas de SoHo o en las inmediaciones de los estudios donde se presentan las colecciones, los taxis frenan, las cámaras se encienden y los looks empiezan a hablar antes que las personas. Es invierno, el frío obliga a pensar cada capa, y eso vuelve todo más interesante. No hay improvisación: hay estrategia.

Armar un outfit para NYFW no significa vestirse de gala. Significa jugar. La clave está en la originalidad y en el equilibrio entre impacto y funcionalidad. La temperatura obliga a pensar en abrigos protagonistas y en combinaciones que permitan caminar varias cuadras sin perder estilo. Nueva York premia la actitud más que la etiqueta.

Más allá de la pasarela, el street style

Más allá de la pasarela -de la que contaremos en detalle las tendencias específicas en otra nota- la calle ofrece su propia lectura. El verdadero termómetro está ahí: en cómo la gente adapta las tendencias a la vida real. Porque en Nueva York, durante Fashion Week, no sólo desfilan las marcas. Desfila la ciudad.

Y si hay algo que se confirma en la calle es que los newyorkers usan tapados largos, casi hasta los tobillos, como pieza central. Abrigos amplios que se mueven con el viento y construyen silueta. También los newyorkers usan tapados de piel sintética, combinados con sets de joggings para mantener el cuerpo abrigado y cómodo, pero con una cuota de contraste que resulta moderna. Esa mezcla entre lujo y deporte define gran parte del street style actual.

En cuanto a colores, los newyorkers usan marrón, negro y verde como base, pero no le temen a los acentos vibrantes. El animal print aparece en abrigos, carteras o botas, integrado a outfits urbanos. La ciudad habilita esa libertad: nada parece demasiado si está bien llevado.

En materia de calzado, los newyorkers usan zapatillas deportivas con prácticamente cualquier outfit. Adidas, Nike, Asics o las On conviven con sastrería, con tapados de piel sintética o incluso con vestidos largos. La comodidad no compite con la estética: la redefine.

Otro detalle que se impone es el accesorio constante. Los newyorkers usan anteojos de sol durante todo el día y también de noche. No importa si el cielo está gris o si cae la nieve: los anteojos funcionan como parte del look, no como respuesta al clima. Las maxi carteras también ocupan un lugar central; son prácticas para llevar invitaciones, maquillaje, guantes y celular, pero además terminan de estructurar la silueta.

Al final del día, cuando las luces de los desfiles se apagan y el frío vuelve a sentirse con más fuerza, Nueva York sigue caminando. La moda no queda encerrada en un salón ni en una primera fila: se mezcla con el vapor del metro (como le dicen ellos), con el ruido de los taxis y con el ritmo acelerado de Manhattan.

Eso es lo que hace distinta a esta semana. No se trata sólo de anticipar lo que vendrá en las próximas temporadas, sino de observar cómo una ciudad entera interpreta esas ideas en tiempo real. En pleno invierno, NYFW demuestra que la moda es parte de la vida cotidiana. Y desde ahí, desde la calle y no sólo desde la pasarela, también se cuenta la historia.