Un editorial de LA GACETA del 31 de diciembre de 2022 titulado “El agua que sobra por arriba y falta por abajo” hacía alusión a la falta de inversiones en infraestructura para contener los desbordes de ríos y canales y las inundaciones cíclicas en distintas partes de la provincia. También citaba que en noviembre de ese año la Dirección de Recursos Hídricos había declarado la emergencia por escasez de agua en toda la provincia.
El editorial se refería a las características clásicas del ciclo del agua en Tucumán: invierno y primavera con sequía y verano y otoño tormentosos, agravados en nuestro tiempo por la decrepitud de los canales (el Sur, sobre todo, que está enclavado en el corazón urbano entre la Capital y Yerba Buena) y el estrés del acuífero de ese corazón urbano, que tiene cada vez más urbanizada la zona del piedemonte. El área de San Pablo, El Manantial, Yerba Buena y Tafí Viejo, para albergar cada vez más viviendas y countries, ha desmontado y pavimentado grandes extensiones, lo que contribuye a que haya menos agua por debajo y corra cada vez más salvaje por arriba.
Así las cosas, en ese tiempo comenzó a hablarse del inminente nuevo acueducto de Vipos, pensado para calmar la angustia y la sed de 240.000 habitantes del área, y a fines de 2023 se supo de la crisis del embalse El Cadillal, con filtraciones que hicieron temer una catástrofe, sobre todo por falta de agua. En ese tiempo, también, se repitieron las emergencias de zonas críticas como Barrio Jardín o El Corte.
Cambio de paradigma
Ahora el panorama es diferente. No sabemos si es mejor. Pero en estos años que han pasado -que coinciden con el gobierno de Osvaldo Jaldo, a quien sus subalternos le atribuyen toda obra que se haga, incluso hasta una canilla- se ha tratado el tema del agua de otra manera.
Por un lado, apareció dinero para las obras vinculadas a la provisión de líquido. No se sabe de dónde salió (acaban de anunciar una suba del 12% de la tarifa de la SAT), pero los funcionarios dejaron de excusarse en que no había plata. Primero fue la costosísima inversión para los trabajos de reparación de las grietas en El Cadillal. Están terminados, no se sabe cómo, pero ahora el Gobierno inició una querella contra la hidroeléctrica concesionaria del embalse, por una inversión superior a los $15.300 millones. Todavía falta saber si ya se está en condiciones de dejar que el dique se llene hasta la cota 607 sin que haya riesgos.
Pero el susto de 2023 ha desaparecido. Incluso ahora las autoridades se ufanan con la gran reparación que se hizo de la balsa La Niña, a la que se le montó una bomba nueva, mucho más potente que la anterior, y está a punto de llegar una bomba de repuesto. Dicen que ya hay garantías del funcionamiento del embalse. El titular de la SAT, Marcelo Caponio, hasta sugiere que en algún momento podrían encararse tareas con respecto a los sedimentos del dique, que tiene una colmatación cercana al 45%.
Muchos parches y muchos pozos
Por otra parte, en estos años se han parchado las roturas del viejo acueducto de Dipos (mientras se espera que en algún momento se haga el nuevo) y se está reparando el acueducto universitario de Anfama (que ayuda con agua para San Javier y para un sector de Yerba Buena en la Loma de Imbaud, es decir El Corte). A eso se agrega la profusión de pozos hechos en dos años: 53 por toda la provincia, muchos de una profundidad de 300 metros, con lo que se han acallado las quejas en sectores desprovistos de agua durante años, como los barrios El Bosque y Ciudadela.
A tal punto se ufanan las autoridades de que se apaciguaron las quejas por el agua, que Caponio dijo hace pocos meses que terminada la emergencia de las pérdidas y de las faltas de líquido, se iba a comenzar a trabajar con la crisis de las cloacas.
Algo que distingue al “Jardín”
El paradigma de que en la provincia no sobra el agua pareció comenzar a cambiar. Hace pocas semanas, el doctor en Ciencias Geológicas Alfredo Tineo, en “Mejorar la gestión del agua” (07/02) escribió que Tucumán tiene “una red hídrica extraordinaria que abastece desde el faldeo oriental de las sierras centrales hacia el este a gran parte de la llanura y también el Río Santa María, en el olvidado valle del oeste, con excelentes reservorios de aguas subterráneas, o el valle de Tapia-Trancas”. Y añade que “Tucumán no tiene litio, como las provincias de Catamarca, Salta y Jujuy, o minerales metalíferos, o petróleo como Salta, pero tiene abundante agua y eso distingue al Jardín de la República de sus vecinas en el norte”.
Entonces, ¿no falta por debajo? Tineo dice que el problema que hay es la gestión del agua, dispersa y desconectada en una diáspora de organismos. Lo mismo dice el ingeniero hidráulico Franklin Adler, que cuenta que las pérdidas de agua en la gran red de canales son enormes.
Alerta y riesgo de subsidencia
Ante esta idea de la abundancia de agua subterránea apareció hace pocos días un aporte de la geóloga Liliana Abascal que, en una carta del 06/02 emitió una “alerta por perforación descontrolada de pozos en Tucumán: riesgo inminente para los acuíferos del oeste”. Dijo que hubo excavaciones descontroladas sin conocimiento de la geometría de los acuíferos ni evaluación de interferencia entre pozos y añadió que hay riesgo de subsidencia (hundimiento de terrenos) “de hasta 80 cm/año, pérdida irreversible de capacidad de almacenamiento por compactación de sedimentos”.
¿Una nueva realidad en ciernes? Adler prefiere la prudencia frente a estas afirmaciones pero dice que “es un tema del que no hay seguimiento geológico ni de los conjuntos de pozos como para analizar cómo se interfieren y si se explotan bien o no. Como no hay nada medido, no se sabe qué está pasando. No hay evidencia de subsidencia. Todo es hipotético”. Añade que Recursos Hídricos tiene banco de datos “pero no tiene registrados todos los pozos porque vivimos en una provincia indisciplinada”. Según el ingeniero, el área de San Miguel de Tucumán está sobreexplotada. “Recursos Hídricos tenía un registro por ley 6.179 que autorizaba los pozos urbanos y rurales y hace años habían establecido en el área del pedemonte una zona de restricción donde se decía no autorizar más pozos porque no había recarga. Creo que Recursos Hídricos no está aplicando esta restricción porque hay pozos nuevos. Alguien habrá dado la orden: ‘dejen de embromar, no pongan palos en la rueda’ “.
Tanto Adler como Tineo reclaman que haya una autoridad única del agua. Adler dice que ahora estamos en una parte del ciclo de alternancias entre sequías y abundancia. “Cuando vienen ciclos secos los pozos también se deprimen. La cosa no pasa solo por aumentar pozos, porque además del costo en hacerlos hay que operarlos, mantenerlos y consumen energía eléctrica; costos que no son despreciables”. Dice que no se hace ningún esfuerzo en reducir las pérdidas. “Hay que hacer un sistema que permita no sólo facilitar. Hay que racionalizar el agua porque no es un bien infinito. ¿Cuán lejos estamos de una crisis un colapso? Lo sabemos en los años secos”. Y concluye: “vivimos en la permanente oscilación entre la incertidumbre y el optimismo”.