Para ganar, hay que ser eficaz. En la Primera Nacional no siempre asciende el que mejor juega, sino el que mejor resuelve. Y el San Martín de Andrés Yllana entendió rápido la lógica de la categoría: en su visita al estadio “Tres de Febrero”, venció 1-0 a Almagro con una sola jugada determinante. Un tiro libre, un centro preciso de Benjamín Borasi y un cabezazo de Nicolás “Fosa” Ferreyra bastaron para inclinar la balanza.
En construcción
No fue casualidad. Durante la pretemporada, San Martín había dejado señales claras: la pelota parada sería un arma central. Frente a Tucumán Central, Ferreyra ya había convertido tras un envío detenido de Matías García. Incluso “Caco” había estrellado un remate en el travesaño en ese mismo encuentro. Yllana tomó nota: si el juego asociado todavía necesita rodaje, la estrategia puede marcar la diferencia.
El mercado de pases acompañó esa idea. La llegada de dos torres como Ferreyra y Ezequiel Parnisari responde a una lógica concreta: cada balón detenido debe ser una amenaza real. El 1-0 ante Almagro confirmó esa filosofía. En un torneo en el que los partidos suelen cerrarse, maximizar una acción puede ser más valioso que dominar 90 minutos.
Punto de partida
Yllana sorprendió con un cambio estructural: abandonó el esquema del debut y apostó por un 3-4-1-2. La intención fue clara: mayor orden defensivo y profundidad por bandas. Víctor Salazar se ubicó como carrilero por derecha y Alan Cisnero por izquierda, buscando amplitud y recorrido. La línea de tres centrales ofreció cobertura ante los intentos del “Tricolor”, mientras que el doble punta intentó fijar referencias.
El plan no estuvo pensado para monopolizar la pelota. Todo lo contrario. San Martín cedió la iniciativa casi por completo. Almagro asumió el protagonismo, pero mostró limitaciones en el último tercio. El “Santo” se replegó con disciplina, cerró espacios interiores y apostó a la transición rápida.
Poco brillo, mucha practicidad
Desde lo estético, el rendimiento fue discreto. San Martín no dominó el juego ni impuso condiciones. La circulación fue escasa y la creatividad, limitada. La lesión temprana de García obligó al ingreso de Nicolás Castro, quien no logró gravitar en la zona media. Laureano Rodríguez aportó equilibrio, mientras que Santiago Briñone sufrió en la marca ante el empuje rival.
La única acción clara, más allá del gol, fue una tijera de Facundo Pons que impactó en el palo. Fue una jugada aislada. El mensaje fue evidente: sostener el resultado antes que arriesgar.
Orden y paciencia
El mérito mayor estuvo en la estructura sin pelota. La línea de tres centrales se mantuvo firme, con relevos coordinados y buena lectura en los centros laterales. Los carrileros retrocedieron a tiempo y el bloque medio impidió que Almagro encontrara pases filtrados.
El equipo no presionó alto ni fue agresivo en campo contrario. Eligió esperar y proteger el área. Esa paciencia fue clave para desactivar los intentos del local.
Un triunfo que marca tendencia
El 1-0 no fue una exhibición, pero sí una declaración de principios. Yllana entiende que la Primera Nacional exige pragmatismo. Si la pelota parada es una fortaleza, hay que explotarla. Si el orden defensivo garantiza puntos, hay que sostenerlo.
El desafío hacia adelante será encontrar mayor volumen de juego sin perder solidez. La eficacia le dio los primeros tres puntos del ciclo. Ahora, el reto será combinar esa contundencia con una identidad más fluida.
En el “Tres de Febrero”, San Martín no brilló. Pero fue eficaz. Y en la Primera Nacional, muchas veces eso alcanza.