En estos días vemos cómo, en nuestra querida Argentina, la oposición al gobierno ha convocado a un paro general para protestar contra una ley que ya cuenta con media sanción en el Senado y que probablemente obtenga también la aprobación en la Cámara de Diputados. La Constitución Nacional es clara. El artículo 22 establece que “el pueblo no delibera ni gobierna directamente, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución”. Este principio fundamental del sistema republicano debería invitarnos a reflexionar sobre la manera en que expresamos nuestras disidencias y canalizamos el desacuerdo político. Quisiera traer a colación una frase nacida en el país del norte: “e pluribus unum”. En latín significa “de muchos, uno”, “o la unidad en la diversidad”. Esta expresión surgió con la fundación de los Estados Unidos y simboliza la unión de sus estados para conformar una sola nación. Una unidad que no niega las diferencias, sino que las integra: unidad en la diversidad. Lamentablemente, da pena, y también preocupación, advertir que nuestro país parece transitar el camino contrario. Los argentinos estamos divididos, fragmentados, muchas veces enfrentados, y ni siquiera logramos reconocernos bajo un mismo emblema. Salvo, claro está, cuando juega la selección nacional de fútbol. Un hecho revelador y, a la vez, doloroso. No dialogamos. No acordamos. No construimos una nación común. Abundan las acusaciones cruzadas, las descalificaciones y las sospechas permanentes. Muchos compatriotas parecen actuar movidos únicamente por aspiraciones personales, con escaso o nulo interés por la patria. No importa tener ficha limpia para aspirar a una banca legislativa; importa, con frecuencia, sólo la conveniencia del momento. Si existiera un auténtico sentido de patriotismo, seríamos capaces de hacer las cosas bien aun en el disenso, aun cuando una ley no nos guste. Dialogando. Apelando al sentido común. Pensando en razones de Estado y no en intereses sectoriales. “E pluribus unum”. ¿Por qué no animarnos a inspirar el sueño argentino con estas palabras? Tenemos un país vasto, bello y rico en recursos, pero también atravesado por profundas diferencias geográficas, culturales, climáticas y económicas. La pregunta es inevitable: ¿cuándo, a pesar de esas diferencias, logramos ser verdaderamente uno? Muy pocas veces. Y no se trata de borrar las diferencias, sino de fundarlas en un proyecto común que nos incluya. He leído con atención el libro de Juan Pablo II, “Cruzando el umbral de la esperanza”. En un capítulo titulado “A la búsqueda de la unidad perdida”, al referirse al pensamiento ecuménico y a las distintas iglesias cristianas, afirma: “Lo que nos une es más grande que lo que nos divide”. ¿No es hora de preguntarnos si aquello que Juan Pablo II proponía para los cristianos no debería inspirarnos también como sociedad? ¿No deberíamos trasladar esa reflexión a nuestra querida Argentina? El paro general difícilmente conduzca a algo constructivo. Suele profundizar el distanciamiento, erosionar el diálogo y debilitar la autoridad de un Congreso que, con aciertos y errores, está ejerciendo la función que la Constitución le asigna. No se construye una nación desde la confrontación permanente ni desde la deslegitimación sistemática del otro. Tal vez sea tiempo de recordar que la unidad no exige unanimidad, pero sí compromiso con la patria. Que el disenso no excluye el diálogo. Y que sin un proyecto común, seguiremos siendo muchos... incapaces de ser uno.

Juan L. Marcotullio.

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