Cada vez más temprano aparece la pregunta en las casas: “¿puedo tener un celular?” A veces surge por una necesidad concreta: coordinar horarios, avisar que llegaron bien, empezar a moverse con mayor autonomía. Otras veces, por comparación: “todos mis amigos ya tienen”. En ese momento, muchos adultos quedan atrapados entre tres opciones que generan la misma incertidumbre: ceder, postergar o prohibir.
El celular ya no es solo un teléfono. Es puerta de entrada a redes sociales, juegos en línea y conversaciones permanentes entre pares. Para chicos y adolescentes, representa pertenencia, entretenimiento y una nueva forma de construir identidad. Pero la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿cuándo es realmente conveniente que tengan su primer smartphone?

El acceso temprano a la tecnología no es neutro. Puede afectar el descanso, la atención, el desarrollo emocional y cognitivo. También abre la posibilidad de interactuar con desconocidos, quedar expuestos a contenidos inadecuados o atravesar situaciones de violencia digital. Por eso, se trata de una decisión que requiere planificación y acompañamiento.
En este contexto, las dudas de las familias se multiplican. Para responder estos interrogantes y ofrecer herramientas concretas, elaboramos esta guía con el aporte de José Farhat, Secretario de Estado de Participación Ciudadana, y la psicóloga Cecilia López, especialista en desarrollo emocional.

Las 10 preguntas que un padre debería hacerse


1. ¿Qué debemos evaluar antes de darle un celular a un niño?

Farhat sostiene que hay tres ideas centrales que toda familia debería tener claras:
• ¿Existe una planificación? La entrega del dispositivo no puede ser improvisada. Hay que preguntarse: ¿Para qué lo estoy entregando? ¿Es solo entretenimiento? ¿Es una herramienta para estudiar? ¿Es para comunicación? ¿Aporta algo que no pueda obtener en el mundo físico? La pregunta clave es: ¿realmente aporta algo nuevo?
• ¿Estamos construyendo un ecosistema de cuidado? Dar un celular implica acompañar. Significa establecer reglas claras, conversar y estar presentes. No es solo entregar un objeto, es abrir la puerta a un territorio digital donde habrá exposición, interacción y aprendizaje.
• ¿Sabemos a qué estará expuesto? En el entorno digital los chicos pueden encontrarse con:  contenidos inadecuados, manipulación, perfiles falsos, escenarios de violencia digital, inteligencia artificial que puede confundir o engañar. “Un niño pequeño no tiene aún desarrollados el pensamiento crítico ni los filtros necesarios para identificar estas situaciones”, remarca.

2. ¿Hay una edad ideal para dar el primer celular?

No existe un consenso universal sobre una edad exacta. Según UNICEF, desde el nacimiento hasta los seis años no hay beneficios significativos que la tecnología aporte y que no puedan encontrarse en el mundo físico. Las habilidades motoras, el juego simbólico y el aprendizaje social se desarrollan mejor fuera de la pantalla. Hoy en Argentina el uso de celulares aparece desde los 4 años y se intensifica entre los siete y nueve. Pero que algo sea frecuente no significa que sea recomendable”, dice Farhat.
“Más que la edad cronológica, debemos evaluar la madurez emocional del niño, su capacidad para respetar acuerdos, su nivel de autonomía y el contexto familiar. Así también sus necesidades y los de las familias de seguridad, como por ejemplo el ingreso al secundario y por ende el principio de esa autonomía”, señala López.
La pregunta clave no es ¿qué edad tiene?, sino si está preparado para el nivel de responsabilidad que implica si tiene herramientas para comprender lo que ve, si sabe identificar riesgos.  Además, es fundamental comenzar con un proceso de alfabetización digital en el hogar, que luego continúe en la escuela. Así como enseñamos hábitos de higiene o alimentación saludable, debemos enseñar hábitos digitales saludables: cómo afecta la luz de la pantalla, cómo influye en el sueño, qué es la privacidad, entre otras cosas.

3. Si decidimos que es el momento de dar un móvil, ¿cuánto tiempo deberían estar conectados?

DECISIONES. Algunos padres van entregando de a poco los aparatos electrónicos a sus hijos. Otros son más restrictivos.

“Hoy se estima que el promedio de uso de pantallas ronda las seis horas diarias. Sin embargo, el tiempo ideal depende de la edad, según Farhat.
• De 0 a 4 años: lo más cercano posible a cero.
• De 4 a 6 años: mínimo, breve y siempre acompañado.
• Edad escolar: tiempos limitados, acordados y supervisados.
Más que contar minutos, hay que observar si el uso: si interfiere con el sueño, si desplaza el juego físico, si afecta el rendimiento escolar, si genera irritabilidad, si la pantalla reemplaza vínculos, descanso o juego.
“Los niños y adolescentes, deben tener límites claros en el tiempo de uso de las pantallas, especialmente en niños pequeños . En edad escolar, se recomienda que el uso recreativo no supere entre 1 y 2 horas diarias, siempre equilibrado e intercalado con juego al aire libre, vínculos reales, descanso y actividades familiares”, especifica López.

4. ¿Conviene poner límites? ¿Alcanza con acuerdos?

Los límites son indispensables, pero deben formar parte de una planificación más amplia, remarca Farhat. No se trata solo de decir “hasta acá”, sino de establecer dónde se usa el celular, en qué horarios, qué aplicaciones están permitidas, con quién se puede interactuar, qué tipo de contenido es adecuado. “En tiempos de nativos digitales, no podemos permitir que sean huérfanos digitales. El hecho de que los chicos manejen intuitivamente la tecnología no significa que puedan autorregularse sin guía”, sostiene.

5- ¿Es bueno usar aplicaciones de control?

Las aplicaciones de control parental pueden ayudar a limitar tiempos, filtrar contenidos, bloquear ciertas aplicaciones y supervisar contactos. “Pero no reemplazan el diálogo ni el acompañamiento. Son herramientas, no soluciones mágicas”, resalta el funcionario.

6- ¿Qué hacemos con las redes sociales?

“En el mundo existe además un debate creciente sobre la edad mínima para redes sociales. La ley COPPA en Estados Unidos establecía los 13 años como referencia, y hoy en muchos países se discute elevarla a 16. Pero la pregunta central sigue siendo: ¿para qué queremos estar en redes sociales?”, interroga Farhat.
“Las redes sociales no son un juego infantil. Antes de permitir redes, el niño debe comprender qué es la privacidad, qué información no debe compartir, qué es el grooming (el acoso de adultos a menores con fines sexuales a través de medios digitales) y qué hacer si algo le incomoda”, detalla López.

7- ¿Cómo hablar con los chicos sobre los riesgos?

La clave es no presentar los límites como castigo, sino como cuidado. Podemos compararlo con cruzar la calle: no es prohibir salir, sino enseñar a hacerlo con seguridad, resalta Farhat.
Delitos como el Grooming existen y deben ser abordados con información clara y adecuada a la edad. Lo más importante es que sepan que pueden contar con nosotros. La confianza reduce riesgos, aclara el experto.
Coincide con él la psicóloga. “Los chicos no necesitan sólo advertencias; necesitan comprensión y confianza para contar lo que les pasa”, precisa.
“No hay que hablar desde el miedo, sino desde la prevención.- Podemos explicar que en internet no todos son quienes dicen ser, que hay contenidos diseñados para generar adicción. Hablar con naturalidad, sin dramatizar, pero sin minimizar. La verdadera protección no está solo en la tecnología, sino en el vínculo. Un niño acompañado, escuchado y contenido será siempre menos vulnerable que un niño solo frente a una pantalla. La pregunta final no es ¿le doy o no le doy celular?, sino ¿estoy dispuesto a acompañarlo en el proceso que eso implica?”, señala.

8. ¿De qué temas debemos hablar antes y durante el uso del celular?

La conversación, según López, debe ser permanente. Algunos ejes fundamentales: ¿para quién fueron diseñadas las redes sociales? ¿Qué buscan las plataformas? ¿Qué compartimos y por qué? ¿Qué nos incomoda? ¿Qué significa privacidad? No se trata de un “sí o no” a las redes, sino de entender cómo funcionan y qué impacto tienen en la identidad, la autoestima y la construcción de vínculos.

9- ¿Prohibir youtubers o aconsejar que cosas ver?

“Prohibir sin explicar suele generar más deseo y mayor ocultamiento. Aconsejar, acompañar y supervisar fortalece el criterio interno. En algunos casos, sí es necesario bloquear ciertos contenidos o creadores que promuevan violencia, sexualización precoz o discursos dañinos. Pero siempre explicando el porqué. La meta no es controlar eternamente, sino formar criterio”, remarca López.

10- ¿Cómo responder cuando piden explicaciones de las restricciones?}

Según la psicóloga, es saludable que los hijos pidan explicaciones. Podemos decir: “porque te quiero y mi tarea es cuidarte hasta que puedas cuidarte solo”, “No es un castigo, es un límite para tu bienestar”. “os límites con explicación enseñan responsabilidad; los límites autoritarios enseñan miedo”, especifica.