El ascenso de Tucumán Central al Federal A no fue solo un resultado. Fue una acumulación de historias personales que encontraron, en una noche interminable en Catamarca, su punto más alto. Después de la definición por penales frente a General Paz Juniors, las voces del “Rojo” hablaron de sacrificio, familia, pérdidas y sueños cumplidos.
Celebración
Franco Barrera, el capitán, levantó su cuarto ascenso. Ya lo había logrado con San Jorge y, a nivel liguista, con Sportivo Guzmán y Juventud. Ahora sumó uno más, quizá el más cargado de significado. “Todos se disfrutan mucho. Ya estoy grande y esto toma otro significado”, dijo, todavía con la respiración entrecortada.
Pero detrás de la sonrisa había una herida reciente. “El año pasado tuvimos la desgracia de que falleció mi hermano y venía cargando todo eso. Hace mucho que no disfrutaba por esa situación”, confesó. El ascenso fue también una forma de sanar.
Barrera destacó la esencia del grupo. “Es lindo porque es un grupo unido, donde todos tiran para adelante. No somos todos amigos, pero somos muy compañeros. Eso es lo que tenemos”, explicó. Y en la definición por penales dejó una frase que resume el espíritu colectivo: “Hoy nos tocaba a nosotros salvarlos a ellos (Diego Velardez y Nelson Martínez Llanos). Ellos nos dieron un campeonato, el de la B a la A. Hoy nos tocó devolverlo”.
Competir
Diego Velardez, uno de los delanteros históricos del plantel, habló desde la emoción de quien siente que el tiempo empieza a pesar. “¿Qué me queda? Festejar. Creo que ya estoy en las últimas, pero todavía tenemos para un año más”, deslizó.
Velardez fue claro sobre su mentalidad: “Siempre que cambiaba de club iba a competir. Llegué hasta lo último, hasta esto. Uno hace muchos sacrificios y estos son los frutos. Nunca me gustó estar a medias. Siempre quise llegar hasta el final”.
El delantero también puso el foco en el entorno. “Mi familia siempre me apoyó y me aguantó muchas cosas. Y mis compañeros se lo merecen. La comisión, toda la gente del club. La humildad y el compañerismo que hay acá lo es todo. Buena gente y siempre para adelante”, indicó.
Fe
Matías Smith, volante del equipo, vivió la definición con fe absoluta en su arquero. “Siento felicidad. Nuestro arquero está loco. Él nos dijo que iba a atajar y confiamos ciegamente en él. Es un sueño hecho realidad”, aseguró.
Para Smith, el partido tuvo justicia deportiva. “Las finales se juegan con mucha garra. Moyano tuvo dos mano a mano que nos salvó. Por suerte, en la contra encontramos el gol. Nosotros merecíamos ganar. Incluso sobre el final le quedó una al ‘Cabezón’ Velardez que la tiró afuera, pero esto es fútbol”, describió.
Revancha
Carlos Juárez también llegó con una cuenta pendiente. “El año pasado quedé muy cerca de ascender con Graneros. Lo busqué mucho y, sobre el final, se nos dio”, expresó.
El delantero dimensionó lo que implica el logro para la provincia. “Esto es muy importante porque, aparte de Atlético y San Martín, no hay más equipos en AFA. Esto implica mucho para el fútbol tucumano”, analizó.
Desde su llegada al club, Juárez sentía que el objetivo era posible. “Cuando llegué pensé que teníamos chances. Sabía que teníamos un gran plantel. Además confiábamos en Daniel y sabíamos que iba a atajar dos”, indicó.
Sutileza
Y si la serie necesitaba una imagen inolvidable, esa fue la picada de Felipe Estrada. Con el estadio en silencio y la presión al máximo, eligió definir con sutileza.
“Es una alegría hermosa. Soy hincha del club y estoy muy feliz por lo que logramos. Este es el fruto de entrenar más de un año. Trabajamos un 24 de diciembre, un 1 de enero, pero este es el resultado”, relató.
La decisión no fue improvisada. “Mi papá siempre me dijo que la pique en los penales. Así lo pude confundir”, contó con una sonrisa.
El vestuario de Tucumán Central mezcló lágrimas y risas. Había jugadores que levantaban cuatro ascensos y otros que sentían que el camino empezaba a cerrarse. Había hijos en brazos, recuerdos de hermanos que ya no estaban y promesas de hacer historia en el Federal A.
El “Rojo” no solo ganó una final. Confirmó que detrás de cada logro hay entrenamientos en fechas festivas, sacrificios silenciosos y una convicción colectiva que se sostiene cuando la pelota quema.
Ahora vendrá otro desafío. Pero anoche, en Catamarca, Tucumán Central fue algo más que un equipo: fue una comunidad celebrando que, después de tanto esfuerzo, el premio finalmente llegó.