Ante las políticas nacionales de ajuste que recaen sobre la mayoría del pueblo argentino considero pertinente algunas reflexiones. En los últimos 50 años, ha quedado en evidencia que el crecimiento económico no ha sido una condición suficiente para superar la pobreza y la exclusión social. Sin embargo, la experiencia de las décadas recientes permite afirmar que los recursos que sería necesario transferir a los estratos sumergidos para superar su situación, constituyen un porcentaje relativamente pequeño en relación a los recursos disponibles. Los  obstáculos  para superar la pobreza no estuvieron centrados en la limitación de los recursos, sino en el destino que se le dio a los mismos en dicho periodo. Por cierto que la histórica situación de pobreza que se generó  no se corrige por  la mera transferencia de ingresos de los grupos más favorecidos hacia los más pobres. En realidad el problema es mucho más complejo y tiene raíces estructurales de carácter social, político y económico, cuyo cambio implica, conflictos de intereses, superar obstáculos culturales, alterar el comportamiento tradicional en la administración del Estado y corregir las discriminaciones en contra de los grupos y sectores excluidos. Teniendo presente la complejidad de la tarea, se requiere, en primer término, que comprendamos y asumamos que el verdadero cambio para el desarrollo no solo compete al estado, sino también a la sociedad civil (ONGs, sindicatos, asociaciones civiles, partidos políticos progresistas, empresarios nacionales, cooperativas, etc). Debemos esclarecer sobre la importancia de un estado que enfrente la pobreza. Tal vez en el futuro próximo se vivan situaciones que obliguen a los sectores  económicos a pensar menos en su propio interés y más en el conjunto del país. La oposición política nacional (especialmente el peronismo)  tendrá  que jugar un papel mucho más activo y claro. La pobreza y su correlato: la exclusión social y política, se ligan y son consecuencia directa del tipo de crecimiento económico escogido. Las relaciones entre ambos fenómenos pueden ser vistas, por lo menos, desde  dos diferentes ópticas.  Para los neoliberales y sus respectivos gobiernos desde 1976, el progreso tecnológico y la acumulación de capital, producirían a la larga el “goteo” de recursos  que beneficiaría a todos; estas teorías nunca se cumplieron y hoy parece que estallaron definitivamente.  Ellos no hablan de distribución, solo de acumulación y crecimiento, que como sabemos no es sinónimo de desarrollo.  Por el contrario, la pobreza no desaparecerá espontáneamente, sino que es necesario introducir modificaciones en el sistema de toma de decisiones. Hay que  sustituir los efectos regresivos y la concentración de la riqueza mediante diversas acciones de política social tanto focalizada como universal. Dichas iniciativas deben tomarse corrigiendo casi 180 grados la actual tendencia económica.Como país debemos embarcarnos en esta tarea titánica del desarrollo social, que permita  a mediano plazo  erradicar la pobreza extrema, propiciar la inclusión y el acceso a la ciudadanía real a millones de argentinos.  Insisto, la Agenda Social debe estar incorporada  como estrategia política, Considero altamente auspicioso  que nos comprometamos como sociedad  en una discusión que nos compete a todos; la Democracia que vivimos  debe transformarse en una democracia participativa,  y sus frutos llegar al conjunto. En este sentido, discutir la Agenda Social  y dar pasos hacia  adelante concretos y efectivos  en  dicha dirección es una gran tarea de la  hora.                                     

Rubén Ricco                                      

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