Desquiciado (sentido psicológico): persona que ha perdido el control de sus nervios, que está trastornada, alterada o fuera de sí. Desquicio (socialmente): estado de desorden o confusión profunda. Uniendo partes, entre definiciones y realidad, vivimos en un desquicio social, provocado por un desquiciado, elegido por personas que confundieron al ver al suicidio colectivo como una salida, ante una real acumulación de desilusiones y frustraciones. En una sociedad en estado de desquicio, son pocos los que ganan y concentran riquezas (minorías parasitarias claramente identificables, como las oligarquías, los grupos concentrados y el poder financiero Internacional), mientras las grandes mayorías ven caer - día a día - sus derechos, sus trabajos, sus ingresos y su calidad de vida, sumidos en la confusión y en la anestesia de sus instintos básicos de supervivencia. Pero dentro de esas grandes mayorías, también están los que saltan y aplauden al desquiciado, en un estado de éxtasis alejado de todo raciocinio y conciencia de clases, liberando las toxinas de su odio racial y social inyectado sistémicamente durante décadas por los medios hegemónicos que defienden los intereses de las élites y las minorías mencionadas, desde hace 150 años atrás, a la fecha, en forma ininterrumpida, sea con gobiernos democráticos o con dictaduras genocidas. El desquicio general, entre anestesiados y extasiados, impacta como una sobredosis en la mente del desquiciado gobernante, quien emite el Decreto 56/2026, declarando al año 2026 como el “Año de la Grandeza Argentina”, mientras la Patagonia se incendia descontroladamente; mientras las rutas nacionales presentan tal nivel de destrucción por falta de obras de mantenimiento, que hasta la prensa alemana se hizo eco de ello; mientras la industria nacional desaparece; mientras crece la tasa de mortandad infantil y neonatal por primera vez en muchos años, llevándola a niveles comparables con los del año 2002; mientras EEUU toma el puerto de Tierra del Fuego, tras la exitosa toma - entregada pacíficamente por Milei y Caputo antes de las Elecciones Intermedias de 2025 - del Ministerio de Economía y del BCRA. En algún momento, el desquiciado encuentra su camisa de fuerza, pero el daño está hecho. Porque vivir en un desquicio político y social se naturaliza a nivel general y se termina de culturalizar, aniquilando el concepto de colectividad, de comunidad, de sociedad, de visión de Patria, de horizontes compartidos. La fragmentación en las grandes mayorías pasa a ser el gran trofeo de la enriquecida minoría, porque el caos perdura y porque se crea sentido común sobre vivir en un constante estado general de desquicio. Pero lo más impactante es que a esa poderosa minoría parasitaria, improductiva y enriquecida escandalosa e impunemente, no le cuesta nada parir y formar a un nuevo desquiciado. Solo es cuestión de tiempo y de encontrar el momento oportuno para sentarlo en el “Sillón del maldito nombre” (o del “Sillón con el nombre que nos maldijo como Nación”, que es - básicamente - lo mismo).
Javier Ernesto Guardia Bosñak