Las formas de vincularse cambiaron, y no sólo entre los más jóvenes. En Tucumán, como en el resto del país, las relaciones sexoafectivas atraviesan un proceso de redefinición marcado por el feminismo, la tecnología y la crisis de los viejos mandatos. “Hoy hay un desencuentro entre hombres y mujeres que tiene más que ver con lo sociocultural que con lo individual”, contó en diálogo con LA GACETA la psicóloga y sexóloga Gabriela Silva Molina (MP 3.462).

Invitada a Buen Día Verano, la especialista analizó cómo se construyen hoy los vínculos, qué lugar ocupan las redes sociales y por qué conceptos como red flags, “hombres princesos” o contratos de pareja se volvieron parte del lenguaje cotidiano, incluso entre generaciones adultas. 

Uno de los cambios más visibles, según Molina, es la transformación del rol masculino. “Durante mucho tiempo el hombre ocupó el lugar del proveedor, del que resolvía todo. Hoy ese modelo está en discusión y muchos varones no saben bien desde dónde posicionarse”, explicó.

Ese corrimiento, sumado a los debates impulsados por el feminismo, genera tensiones en el encuentro cara a cara. “Hay hombres que tienen miedo de acercarse porque no saben si lo que van a decir puede resultar ofensivo. Aparece también el miedo al escrache, que es real y está muy presente”, señaló.

En ese contexto, se popularizó de manera peyorativa la figura del “hombre princeso”: aquel que ya no asume automáticamente roles tradicionales, como pagar siempre la cuenta o llevar adelante la iniciativa. “Si ambos trabajan, ¿por qué uno debería hacerse cargo de todo? Muchas veces se caricaturiza algo que en realidad es una negociación de roles”, sostuvo.

Pantallas, control y celos

La tecnología es otro factor en las nuevas dinámicas vinculares. Para Molina, las redes sociales amplificaron conductas que antes existían, pero de manera más limitada. “Hoy hay personas que revisan a quién sigue su pareja, qué busca, a qué hora se conecta. Hay un acceso constante a la vida del otro que favorece el control”, advirtió.

En adolescentes y jóvenes tucumanos, observa un aumento de los celos exacerbados. “Los celos hablan de inseguridad y, en muchos casos, se vuelven patológicos. No son una prueba de amor”, remarcó.

Allí aparece el concepto de red flag (bandera roja), cada vez más usado para identificar señales de alarma en una relación. “Tiene que ver con actitudes no saludables, como celos extremos, imposiciones, falta de consentimiento. Todo aquello que vulnera el bienestar del vínculo”, explicó.

Imagen gentileza elespectador.com

Relaciones flexibles y contratos propios

Lejos del ideal de “para toda la vida”, las parejas actuales ensayan nuevas formas de acuerdo. “Las reglas no son universales ni inamovibles. Se pueden poner y modificar en cualquier momento, incluso en parejas de muchos años”, afirmó Molina.

Según la especialista, hoy se habla con mayor libertad de convivencia intermitente, parejas abiertas, acuerdos sexuales distintos o incluso vínculos sin sexo. “Las relaciones cambian porque las personas cambian. Si un vínculo se sostiene en el tiempo es porque hay deseo de reconstruirlo”, sostuvo.

En ese marco, cobra fuerza la idea de que los contratos de pareja ya no vienen impuestos por la religión o la sociedad, sino que se negocian entre quienes se vinculan. “La regla la ponen las personas, no el mandato social”, aclaró.

Apps de citas y realidades locales

Las aplicaciones de citas también forman parte del nuevo escenario. Molina destacó que su impacto varía según el contexto. “No funcionan igual en Tucumán que en Buenos Aires. Acá conozco muchas parejas que se conocieron por apps y hoy están juntas o incluso casadas”, dijo.

Si bien persiste el prejuicio de que sólo sirven para encuentros sexuales, la sexóloga considera que son una herramienta válida en un mundo donde cuesta cada vez más encontrarse cara a cara. “Tienen que ver con la posibilidad de conocer a un otro”, explicó.

Dependencia emocional y consulta terapéutica

Ante el aumento de vínculos atravesados por la dependencia emocional, Molina fue tajante: “Eso se trabaja en terapia”. Advirtió que muchas conductas controladoras todavía se romantizan, cuando en realidad esconden dinámicas dañinas.

En su consultorio, la demanda es amplia. “La gente no consulta sólo por sexualidad, sino por dificultades emocionales y vinculares. Nadie nos enseñó a hablar de esto”, afirmó. Y concluyó: “Hoy el desafío es aprender a vincularnos desde lo saludable, con más conciencia del deseo propio y del consentimiento del otro”.