Voy a intentar, a través de este comentario salpicado de humor e ironía por partes iguales, encarar el tema que da lugar a título de la carta. Desde el colegio secundario sabe que un embarazo humano dura una media de 40 a 42 semanas, que pueden traducirse también en meses, unos nueve (o bien 10 meses lunares de 28 días si usted lo prefiere). La gestación de un niño supone entonces unos 280 días aproximadamente pero el tiempo puede variar de una mujer a otra. Un embarazo buscado es el fruto del amor que se profesa una pareja ¿y puede haber algo mejor que ello? Creo que no, porque a pesar de la baja natalidad en el país, los niños siguen y seguirán naciendo. Cada mujer dispone de un médico ginecólogo en el que depositó su confianza y que la guiará y acompañará a lo largo de su vida y en especial mientras curse el embarazo. Seguramente sus hijos, si los tiene, nacieron en establecimientos públicos o en el área privada si así se lo permitió su billetera o su medicina prepaga o gremial. Si hace un poco de memoria recordará ese momento mezcla de euforia y de nervios al ver abrirse la puerta del quirófano y emerger la figura del médico esperando, rogando escuchar de su boca “todo salió bien. Es un varón y él y la madre están bien”. Es una sensación de felicidad a pesar del estrés que supone ese momento en el que recibe el abrazo de quienes lo hayan acompañado en la vigilia. Usted debe esperar unos momentos para ver al bebé en la cunita al lado de la cama de su mujer y antes de los 10 minutos posteriores quienes hayan ingresado a la habitación comenzarán a encontrarle que “tiene el rostro de la mamá; las manos del tío Pepe o los ojos de la abuela Porota”. Y es normal. Pero y cuando nace un bebé en el seno de una familia de políticos tucumanos ¿qué dirá el médico que lo ayudó a llegar al mundo? Y me imagino que sería como en una escena de una película de Woody Allen: “señor ministro su esposa, la diputada nacional dio a luz a un intendente de 3, 850 kg y 63 centímetros de largo”. ¿O no pensó que a veces esto se hace realidad?

Jorge Álvarez                                      

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