El ajedrecista norteamericano Bobby Fischer (1943-2008) visitó Tucumán en noviembre de 1971, pocos meses antes de consagrarse campeón mundial ante el ruso Boris Spassky.
El jueves 11 se realizaron en el Club Caja Popular partidas simultáneas con los mejores jugadores tucumanos. Y como en esos días se desarrolló en los salones de la Asociación Española el Primer Torneo Panamericano de Ajedrez por equipos, estaban en la provincia los más calificados maestros nacionales, como Miguel Najdorf, Oscar Panno, Raúl Sanguinetti, Samuel Schwebber y Miguel Ángel Quinteros, el cual era amigo íntimo de Fischher.
Tucumán vibraba con el ajedrez.
Fischer era conocido por su mal genio y era “el niño terrible” del ajedrez. El día de su llegada estuvo pocos minutos en la Asociación Española presenciando las partidas y luego se fue, acompañado por el dirigente José Heras Abeleira. Se dedicó a recorrer la ciudad y compró zapatos.
Fue perseguido a distancia por un cronista y un fotógrafo de LA GACETA. En la esquina de 25 de Mayo y Córdoba se paró frente a los periodistas. “¡Notas, no! ¡Fuera!”, les dijo. Le insistieron en que sólo querían seguir su paseo. “No. ¡Fuera!, reiteró. Subió a un taxi y cuando se iba les hizo una señal de que les iba a dar una paliza si lo perseguían. Fischer se quedó hasta el domingo en Tucumán pero nunca se lo pudo entrevistar.
El jueves 11 por la tarde jugó al tenis en el Club Las Lomitas con Quinteros y el empresario Manuel Fernández Doña, quien lo tuvo a mal traer en el court. “¡No poder llegar!”, gritó. Perdió esa partida.
Más tarde fueron los encuentros simultáneos en el Club Caja ante unos 20 jugadores locales. Perdió dos veces, ante José Simón Rubinstein y Adolfo Iván Rodríguez, e hizo tablas con José Pereyra.
Aunque había llegado tarde a la sesión y las 1.500 personas que presenciaban las partidas habían expresado su malestar, cuando Fischer se desplegó ante los 20 trebejistas hubo grandes ovaciones. La mayor fue cuando inclinó su rey blanco ante Rubinstein (foto).