Después de casi siete años de rescate, cuidado y amor, el hotel y pensión felina Amores Gatos cerrará el próximo mes. Su fundadora, María Belén Guzmán, se queda sin su fuente de trabajo mientras 10 gatos rescatados esperan una red de apoyo que les permita seguir adelante.

Durante años, Amores Gatos fue mucho más que un hotel para gatos. Fue refugio, tránsito, hogar provisorio y punto de encuentro entre rescatistas, fundaciones y familias que necesitaban dejar a sus mascotas por semanas, meses e incluso años.

Allí convivían tres realidades: los gatos que Belén rescataba de la calle, los gatos de fundaciones que no tenían dónde alojarlos y los gatos con dueños que pagaban estadías. Esa combinación era la que permitía sostener económicamente el rescate. Hasta que dejó de cerrar.

Cuando el número deja de cerrar

La crisis económica modificó por completo el escenario. Cada vez menos personas podían pagar una pensión para sus mascotas. Muchos clientes emigraron y después de un tiempo dejaron de pagar la cuota por sus gatos. Las fundaciones dejaron de poder afrontar el costo.

El golpe fue múltiple: menos clientes, un alquiler impagable y un contexto general donde el servicio dejó de ser prioridad.

Belén llegó a tener picos de 70 gatos bajo el mismo techo. Pero en el último tiempo comenzó a suceder algo que, para quienes rescatan animales, es habitual: tener más rescatados que clientes.

Este año, el alquiler escaló hasta casi un millón de pesos. Su ingreso mensual es prácticamente el mismo. De un día para el otro, no pudo sostenerlo.

Con el cierre, pierde su trabajo y también el espacio que durante años funcionó como refugio.

CEREBRO Y PINKY. Forma parte de los diez gatos que aún necesitan adopción antes de la mudanza. / GENTILEZA DE MARÍA BELÉN GUZMÁN

Una casa que era hotel y refugio al mismo tiempo

Como muchas rescatistas de Tucumán, Belén lo hacía sin estructura, sin ayuda estatal y sin subsidios. Personas que conocían su dedicación comenzaron a preguntarle si podía cuidarles sus gatos por unos días. Después fueron semanas. Después, meses.

En 2021 decidió formalizar lo que ya hacía en su propia casa: mudarse a un espacio más grande y abrir el hotel felino.

Esa convivencia entre rescate y pensión fue lo que permitió sostener durante años una tarea que, en la mayoría de los casos, es totalmente autogestionada.

Volver a mudarse con 22 gatos

El cierre no es simbólico. Es literal. Belén debe dejar la casa y mudarse a lo de su mamá. Allí viven otras personas, hay más mascotas y ahora se suman 22 michis. Doce son propios, rescatados. Diez todavía no logró reubicarlos.

La convivencia será incómoda para todos, tanto para las personas como para los animales.

Por eso, el foco hoy no está en salvar el hotel. Aunque reciba colaboraciones que le permitan pagar uno o dos meses de alquiler, no podrá sostenerlo en el tiempo. Por eso no pide dinero: pide adopciones responsables.

SOL Y LUNA. Forma parte de los diez gatos que aún necesitan adopción antes de la mudanza. / GENTILEZA DE MARÍA BELÉN GUZMÁN

Gatitos que no conocen la calle

Estos gatos tienen una característica clave: son indoor.

No caminan techos, no cruzan calles y no sobreviven en patios abiertos. Fueron criados en un entorno protegido y, como explica Belén, “no tienen calle”.

Por eso, el requisito más importante para adoptar es una casa cerrada y protegida, con tela metálica o protecciones que eviten fugas.

Además, pide compromiso, vacunas al día y aceptar seguimiento. Si en algún momento no pueden tenerlos más, prefiere que vuelvan con ella.

Ya logró concretar algunas adopciones y espera cerrar otras en los próximos días. Aún quedan 10 gatos buscando hogar.

MARIA LUISA Y GATATOUILLE. orma parte de los diez gatos que aún necesitan adopción antes de la mudanza. / GENTILEZA DE MARÍA BELÉN GUZMÁN

Lo que no se ve del rescate en Tucumán

La historia de Belén no es aislada. Es una postal del rescate animal en la provincia: autogestión total.

Rescatistas que trabajan de otra cosa, que destinan su sueldo a alimentos y veterinarios, que alquilan casas más grandes para poder albergar animales y que no reciben ayuda formal.

“Siempre se piden castraciones masivas, censos por zonas y políticas reales. Pero casi siempre queda en la nada”, cuenta.

Mientras tanto, las casas particulares se convierten en refugios improvisados y las historias se acumulan: gatitos abandonados, enfermos e incluso dos que nacieron ciegos y fueron dejados en una plaza.

RESCATE. Fueron levantado de la calle y hoy espera una segunda oportunidad en un hogar definitivo. / GENTILEZA DE MARÍA BELÉN GUZMÁN

Una rifa para mudarse, no para salvar el hotel

El video que publicó contando su situación se volvió viral. Muchas personas le ofrecieron donaciones, pero decidió no pedirlas.

Organizó una rifa solo para cubrir los gastos de la mudanza y adaptar la casa de su mamá para que los gatos no se escapen. “Prefiero que esas donaciones vayan a otras rescatistas que están peor”, explicó.

Cómo ayudar

Hoy, la ayuda concreta que necesita Belén es difusión y adopciones responsables. 

Coco (3 años), María Luisa y Gatatouille (1 año y medio), Sol (7 años), Luna (3 años), Cerebro y Pinky (1 año) son algunos de los gatos que buscan hogar. Son sociables, están acostumbrados a vivir en casas y necesitan un espacio seguro.

Belén insiste en algo que repite durante toda la entrevista: cualquiera puede ayudar. No hace falta “ser rescatista”. Levantar un gato de la calle, tenerlo un mes mientras se recupera y buscarle familia ya cambia una historia.

Mientras tanto, Amores Gatos cierra sus puertas. Pero el rescate, para ella, no se termina. Solo cambia de forma.

Quienes quieran contactarse pueden hacerlo a través de su Instagram @amoresgatos.hotelfelino