La ausencia de Cristiano Ronaldo en el partido de este lunes frente a Al-Riyadh sacudió al fútbol saudí y encendió todas las alarmas en Al Nassr. Aunque en un primer momento se habló de una molestia física, el entorno del delantero y medios portugueses como A Bola descartaron cualquier lesión. El “faltazo” fue una decisión personal y un mensaje directo a la dirigencia: el astro no está conforme con el rumbo del proyecto.
El malestar de Ronaldo tiene raíces profundas y excede lo coyuntural. El portugués siente que el club quedó rezagado en la carrera competitiva dentro de la liga saudí. La comparación es inevitable: mientras Al Nassr apenas incorporó al joven iraquí Haydeer Abdulkareem, su principal rival, Al Hilal, continúa reforzándose con figuras de peso bajo la conducción de Simone Inzaghi. Para CR7, la desigualdad en el mercado de pases es una señal clara de desventaja estructural.
A esa percepción se suma otro factor sensible: la falta de respaldo del Fondo de Inversión Pública saudí, que el delantero entiende que favorece a otros equipos del país. En paralelo, los resultados tampoco acompañaron. Pese a su contrato récord y a su impacto mediático, Ronaldo aún no logró conquistar un título oficial desde su llegada a Arabia Saudita, una cuenta pendiente que pesa cada vez más.
El quiebre interno terminó de detonar el conflicto. En las últimas semanas, el Consejo Directivo del club decidió quitar atribuciones a dos hombres de extrema confianza del portugués: el director deportivo Simão Coutinho y el director general José Semedo. Ambos formaban parte del núcleo duro que Ronaldo consideraba clave dentro de la estructura institucional. La pérdida de poder de ese bloque fue interpretada por el futbolista como un ataque directo a su influencia y a su visión de proyecto.
Todo este escenario se da en un contexto contractual singular. En junio de 2025, Cristiano renovó su vínculo con Al Nassr por dos temporadas a cambio de una cifra superior a los 400 millones de dólares, entre salario e incentivos comerciales. El acuerdo lo convirtió en el deportista mejor pago del mundo, pero también elevó las expectativas deportivas, tanto del club como del propio jugador.
A nivel personal, hay otro objetivo que sobrevuela la escena: la carrera por los 1000 goles. Ronaldo acumula actualmente 961 tantos oficiales y está a 39 de alcanzar una marca histórica. El parate autoinpuesto y las tensiones extra-deportivas amenazan con interferir en ese camino, en un tramo final de carrera que el portugués quiere cerrar con logros deportivos y no solo financieros.
La ausencia ante Al-Riyadh, entonces, no fue un hecho aislado ni un simple descanso. Fue una señal política. Mientras Al Hilal coquetea con sumar nombres rutilantes como Karim Benzema, Ronaldo decidió plantarse y exponer un desgaste que ya no se puede disimular. En Al Nassr saben que el conflicto está abierto y que, por primera vez desde su llegada, el futuro del máximo emblema del proyecto saudí aparece seriamente en duda.