Fundador de FALK AI, FALK Impellers y FALK Advertising Matters, Miembro de Pieper AI y Selected Power User por Google DeepMind. Es pensador, comunicador, formador e impulsor de innovación y transformación.

Hola, volví. Loco, necesitaba desconectar. Y en ese silencio, las ideas decantan distinto, como un buen vino.

Pero el chispazo final para volver al ruedo vino hace unos días, en un workshop que di para el equipo del Centro de Especialidad Oftalmológica (CEO). En un momento, cuando suelo preguntar ¿Qué nos hace realmente humanos? Su director, el doctor Alejandro Lavaque, me tiró una distinción que me dejó recalculando. Me dijo: "Fede, lo que nos separa de los animales es usar herramientas y cargar con ellas. Un chimpancé usa una piedra para romper una nuez. La diferencia es que el humano se la guarda en la mochila y la transporta kilómetros, porque sabe que mañana la va a necesitar". Me hablaba no solo del pensamiento simbólico sino de la planificación.

Me quedé pensando. ¿Será tan así? Como me encanta estar equivocado (porque, vamos, es la única forma real de aprender algo nuevo), me fui a chequear. Y sí, los antropólogos como Jane Goodall le dan la derecha. Los animales viven en un "eterno presente". Nosotros somos los únicos bichos raros capaces de viajar mentalmente en el tiempo, de planificar.

La respuesta que buscaba era: “Contar cuentas”. Ya que esa es, para mi, la gran distinción. O sea, “transportamos” el cuento de por qué esa piedra es importante.

Somos el animal que cuenta cuentos

Somos, esencialmente, Homo Narrans.

No pensamos en datos, pensamos en tramas (datos relacionados). Como dice Yuval Noah Harari, “nuestra realidad es una ficción compartida”. El dinero, las leyes, las empresas... no son puntos inconexos, son historias en las que todos acordamos creer.

Y si lo pensás, tu vida cotidiana es una antología literaria. Hacer un plan de negocios es escribir un cuento. Resolver un conflicto de pareja es un drama. Y tu declaración de impuestos ante la AFIP... bueno, eso es realismo mágico o terror, depende de cómo te haya ido el año. Y el diagnóstico de un médico, también es una aventura.

Nos contamos historias para sobrevivir, como decía la escritora Joan Didion: “Sin relato, somos biología cruda. Con relato, somos personas”.

La charla de las 2 AM

La otra noche, después de un asado estirado, me puse a filosofar con Gemini Live en modo voz. Le pregunté por la conciencia humana y la posibilidad de una “Conciencia Artificial” (CA). Y ahí me acordé de un viejo principio filosófico medieval: "Nemo dat quod non habet". Nadie da lo que no tiene.

La Inteligencia Artificial (para muá “Razonamiento Computacional”) es silicio y matemáticas. “Prendido-apagado”, trillones de veces. No tiene vida, no tiene muerte. Y como no se muere, no tiene urgencia. No puede contar una historia con alma porque nunca tuvo que luchar por sobrevivir. Sus relatos son estadísticamente cuasi perfectos, pero existencialmente vacíos.

Pero ojo, que se viene el tsunami

Ahora, no nos durmamos en los laureles. Que la IA no tenga "alma" biológica no significa que se vaya a quedar quieta.

Hay que estar muy atentos a lo que se viene este año desde los laboratorios de Google DeepMind, liderados por el Nobel Demis Hassabis. Se habla de dos avances que están tramandos y tienen el potencial de revolucionar todo, y todo es TODO: Nested Learning (aprendizaje anidado) y AlphaEvolve. En criollo: En el primero, IAs podrán tener “contexto infinito” simulando las capas de memoria de nuestro cerebro. Con el segundo no solo aprenden, sino que aprenden a aprender mejor, evolucionándose a sí mismas en tiempo real.

Estamos a las puertas de una potencial Conciencia Computacional. No biológica, pero que puede simular nuestra narrativa con una precisión que nos va a volar el anco. Van a escribir historias tan buenas que nos van a hacer llorar. Cada vez más notarás que las IAs “te conocen” y se anticipan a tus intenciones.

A eso Google le llama “Personal Intelligence” y ya se está usando. Gemini, recuerda todo lo que le hablaste y no sólo eso -si le das permiso- sabe todas tus búsquedas, videos consumidos, documentos en la nuba, fotos y videos personales, tus trayectos recorridos y una larga lista interminable de datos tuyos.

Entonces, ¿qué nos quedará? La hermosa ineficiencia. El bendito error. Nos quedará el asado, el abrazo que dura dos segundos más de lo necesario. Esa es nuestra historia. Y esa, por suerte, la contamos nosotros.