Bien se sabe que las vacaciones dan lugar a un cambio de ritmo en la vida personal, familiar y social, al modificarse las rutinas y emprender actividades inusuales, pequeñas o grandes, y retomar otras postergadas o reducidas por la agitación de la vida cotidiana, como la lectura, los paseos o las actividades físicas. El tiempo de descanso tiene un impacto beneficioso ya que permite conocer gente y actividades nuevas, reducir el estrés y reflexionar sobre la forma en que se vive y los propósitos para mejorarla o al menos reducir las trabas que la hacen compleja durante el año. Es en este momento en que se advierte con claridad que hay otras maneras de organizarse, así como de disfrutar del tiempo y de relacionarse con las personas, sin las urgencias del quehacer cotidiano. Acaso de esa experiencia en vacaciones se pueden sacar ejemplos para aplicar en la actividad personal, familiar y social.

Por ejemplo, al ampliar la mirada sobre el tránsito se observa el comportamiento al volante es diferente según el lugar y los distintos estímulos que hay en la comunidad. Quienes atraviesan lugares como Córdoba o Buenos Aires saben que hay radares -bien señalizados- que establecen los límites de velocidad y que las multas pueden llegar en el acto o al fin de las vacaciones. Ergo, la circulación vehicular es más ordenada y tranquila. El tiempo de viaje se adecua a esas pautas. En Recreo -Catamarca- es notorio un recorrido de tres kilómetros con la máxima de 40 km/h bajo el amparo de un Cristo redentor junto a la ruta 157. En las localidades de las playas argentinas -a donde van tucumanos y visitantes de todo el país- es llamativo que los conductores frenan en las esquinas y ceden lugar a los transeúntes -lo cual está establecido en la ley nacional de Tránsito-, así como aplican sin problemas la regla de dar paso al que está a la derecha o bien permitir cruzar a los autos cuando hay cierta congestión. Sin bocinazos.

Lo mismo ocurre con el tratamiento de los residuos. Basta que haya un estímulo para la separación básica de plásticos, cartones, vidrios, metales y basura orgánica para que disminuya el volumen que deben llevar los camiones recolectores. Lo mismo ocurre con papeles o desperdicios en las calles, que casi no se ven, con excepción, por supuesto de lugares abandonados. Pero apenas se observa que hay presencia de las autoridades en esta tarea los visitantes se incorporan según sus posibilidades al circuito ecológico. Allí se puede observar una combinación virtuosa entre la tarea de los funcionarios y el quehacer personal. La gente cuida sin demasiados problemas el entorno como su propia casa.

Las vacaciones ofrecen oportunidades para expandir las miradas sobre las propias actividades y entender que se pueden realizar de modo distinto, acaso aprendiendo a organizar de otra manera el tiempo para el descanso, reducir el estrés y también desconectarse de las presiones de la vida cotidiana. En vez de sentir el choque de volver a la rutina, el descanso puede ayudar a regresar con la mente renovada, con buenas energías y entusiasmo.