Inaugurado el 24 de marzo de 1929, el parque Avellaneda ofrecía dos atractivos que maravillaron a los tucumanos: la piscina pública (el “piletón” que conocemos hoy) y el edificio de la foto, originalmente destinado a confitería y salón de té. Fue uno de los grandes proyectos concretados durante la gestión de Juan Luis Nougués, uno de los intendentes más progresistas que tuvo la ciudad. Antes, en ese espacio de ocho manzanas había un jardín zoológico y funcionaba el vivero municipal. La cuidada ornamentación, llena de árboles, plantas y flores, hizo del parque un favorito del público desde el primer momento. En cuanto a la confitería, con el correr del tiempo se fue transformando hasta que en 1973 se convirtió en el jardín “Semillita”.