El se encuentra bajo la Anomalía Magnética del Atlántico Sur, “una especie de sumidero que atrapa las partículas del viento solar”, según explicó Ramón Caraballo, magíster en Geociencias por la Universidad de la República y doctor en Ciencias de la Tierra por la Universidad Nacional Autónoma de México. 

En los últimos días, el registro de una tormenta geomagnética volvió a poner el fenómeno en el centro de la atención científica. “Hay que estar alerta”, advirtió la geóloga y docente de la Facultad de Ciencias, Leda Sánchez a El País Uruguay.

De acuerdo con la Agencia Espacial Europea, esta anomalía reviste especial interés para la seguridad espacial, ya que los satélites que atraviesan la región reciben mayores dosis de radiación. Esto puede generar fallas de funcionamiento, daños en hardware crítico e incluso apagones.

En relación con la tormenta geomagnética registrada el 19 de enero, Sánchez explicó que el Observatorio Geofísico del Uruguay recibió una consulta del equipo de Antel encargado de monitorear los cables de telecomunicaciones. “Cuando tenés tormentas geomagnéticas uno abre más los ganchos porque es una zona más vulnerable”, señaló. El equipo detectó una tormenta geomagnética G4, considerada severa, y advirtió problemas en los cables.

A partir de esa consulta, el Observatorio inició una investigación y detectó “interrupciones en los cables de todo el mundo”. “Es algo en lo que hay que estar alerta”, remarcó la especialista. Según el informe elaborado para Antel, la rápida variación del campo geomagnético generó corrientes inducidas que alteraron el funcionamiento de los repetidores.

El documento detalla que la tormenta G4 causó auroras boreales visibles hasta latitudes de 40 grados, disrupciones en radio HF, una tormenta de radiación S4 y posibles fluctuaciones en GPS y redes eléctricas. El fenómeno duró unas 42 horas, sin reportes de daños mayores.