El dirigente demócrata norteamericano Bernie Sanders formuló públicamente una serie de preguntas que bien se pueden hacer propias. Enfrentado ideológicamente con su presidente Donald Trump, su planteo bien puede ser separado de la posición individual para entender el fondo de sus planteos y buscar las respuestas individuales. Su discurso fue el 9 de diciembre de 2025, en el recinto del Senado donde ocupa una banca, y resumió -en el tramo final de su vida, superados los 80 años- las inquietudes que muy probablemente se lleve a la tumba sin una contestación certera.

“¿Quién controla la Inteligencia Artificial?”, fue la primera, en referencia a que los avances tecnológicos que se están produciendo -y a una velocidad que era impensable- terminarán moldeando el futuro de la humanidad. Por ello, Sanders es partidario de una regulación legal internacional.

“¿Qué pasará con el trabajo?”, fue la siguiente. La automatización, la robótica y la tentación de que la IA haga todo pondría en riesgo alrededor de 100 millones de empleos sólo en Estados Unidos, advirtió. Y fue más allá al detallar que el 40% de las enfermeras; el 47% de los conductores de camiones; el 64% de las tareas de los contadores; el 65% de los docentes y el 89% de los empleados de las cadenas rápidas de comida podrían ser sustituidos por máquinas, con un aumento de la productividad  y una merma de los costos empresarios, pero -asimismo- con una crisis humana grave.

“¿Qué le ocurrirá a la democracia?”, inquirió el político. El escándalo ocurrido hace una década con la manipulación segmentada de la información en Gran Bretaña en la elección por el Brexit parece un cuento de hadas actualmente, con los sistemas informáticos muchísimo más avanzados y refinados.

“¿Qué le ocurrirá a nuestra humanidad?”, avanzó Sanders, para luego citar un estudio de Common Sense Media que determinó que la compañía preferida por el 72% de los adolescentes es la IA antes que el contacto con otras personas, incluyendo las de su edad. Ese aislamiento pone en riesgo a la propia noción de relación interpersonal.

“¿Cuál será el costo ambiental que tendrá todo esto?”, desafió el veterano opositor, para alertar sobre los altos consumos de electricidad, agua e infraestructuras físicas que requieren los centros de datos, compañías informáticas y grandes servidores.

“¿Cómo cambiará la guerra?”, dijo un mes antes de los hechos ocurridos en Venezuela y las tensiones en crecimiento en Irán y muchos otros lugares de Asia y de África. El sueño -tantas veces llevado al cine- de robots soldados que reemplazan a los humanos en los campos de batalla está cada vez más cercano. Por ende, se eliminaría el condimento moral de evitar bajas propias en una contienda.

“¿Podemos perder el control?”, preguntó en forma retórica para cerrar su intervención, y recordó una escena de la película de Stanley Kubrick “2001: Una odisea del espacio”, en la cual la superinteligencia HAL se rebela contra sus creadores al haber alcanzado un nivel de autonomía que le permitió actuar sin depender de nadie.

En definitiva, la serie de interrogantes buscaba que cada uno busque sus propias respuestas en un planeta en constante cambio y con aspectos que escapan al control individual. Sanders, como siempre, increpa a quien lo escucha y desafía la comodidad de seguir como si nada estuviese pasando.

Las siete inquietantes preguntas de Bernie Sanders