Asisto a la pileta del Complejo Teniente Ledesma de manera ininterrumpida desde 1985, desde mi adolescencia. No escribo estas líneas desde la queja liviana ni desde el enojo pasajero, sino desde el profundo sentido de pertenencia. Justamente por ese vínculo, esta temporada deja un sabor amargo. No por el estado del predio -que merece ser reconocido-, sino por una organización deficiente y un trato poco considerado hacia los socios. Por primera vez en más de cuatro décadas, la inscripción y la revisación médica se convirtieron en experiencias agotadoras, desorganizadas y, en algunos casos, humillantes. Filas interminables bajo temperaturas extremas, una sola persona administrativa para inscripciones; escenas más propias de la espera para un evento masivo que de un complejo deportivo municipal. A esto se suma una decisión difícil de comprender: realizar la revisación médica en un primer piso, al que se accede por una escalera empinada, improvisada y peligrosa. Esto contradice cualquier principio básico de accesibilidad e inclusión. El complejo cuenta con espacio suficiente en planta baja -como se hacía en años anteriores- para haber evitado esta situación. También preocupa la falta de control de los protocolos de higiene: personas ingresando con zapatillas, sin ducharse, descalzándose al borde de la pileta. El respeto por las reglas no puede quedar librado a la buena voluntad individual. Finalmente, la comunicación fue uno de los puntos más flojos. Durante la semana de Navidad, la información sobre horarios y apertura fue contradictoria. Algunos empleados informaban una cosa, otros lo contrario. El resultado fue que muchos socios no asistieron creyendo que el complejo estaba cerrado y luego se enteraron de que sí había abierto. Para quienes no tienen otra posibilidad de recreación, esto no es un detalle menor: es una pérdida real y dolorosa. En tiempos de redes sociales, cartelería digital y comunicación instantánea, la desinformación no es un problema técnico, sino de gestión. El Complejo Teniente Ledesma es un espacio querido e histórico. Escuchar a los socios es una oportunidad de mejorar.

Marcela Kobe

marcelakobe@gmail.com