El pickleball dejó de ser una rareza para transformarse, de a poco, en una opción concreta dentro del mapa deportivo tucumano. Con canchas activas, horarios abiertos y una comunidad en expansión, el deporte empieza a atraer a jugadores de distintas edades y trayectorias, desde profesores de educación física hasta personas que se acercan por primera vez a una disciplina de paleta.

El orden detrás del boom: cómo se organiza el pickleball en Tucumán

Iván Schenberger, profesor de Educación Física y licenciado en Alto Rendimiento Deportivo, es uno de los impulsores en Tucumán y actualmente se desempeña como instructor en la Asociación Tucumana de Pickleball. Para él, el crecimiento del deporte está directamente ligado a su costado social y recreativo. “Hoy es fundamental por todo lo que se está sufriendo: ansiedad y gente que se queda en la casa viendo televisión. Este deporte es ideal para jugarlo en pareja, en familia o con amigos, venir a despejarse los fines de semana”, explicó.

EXPERTO. Iván le dedicó su vida al deporte, pero encontró en el Pickleball su lugar en el mundo.

El profesor remarcó además que uno de los grandes atractivos del pickleball es su accesibilidad. “Fomentamos la idea de cancha libre los sábados, se le presta la paleta y la pelota a la gente. Vienen, prueban y conocen el deporte. Es muy poco conocido acá, pero en Argentina va a crecer un montón porque es muy fácil aprender a jugarlo”, aseguró.

Lejos de ser una actividad limitada por la edad, el pickleball convoca a un público amplio. “La mayoría de las personas tienen entre 20 y 70 años, el rango etario es enorme”, contó Iván, y añadió una clave que explica su rápida adhesión: “Es un deporte en el que tenés que estar concentrado todo el tiempo. No podés pensar en los problemas del laburo ni en nada más. Eso lo hace tan adictivo”, comentó.

“Es un vicio, pero un vicio lindo”, definió Schenberger. “Te movés, conocés gente, socializás y hacés actividad física. La gente termina de jugar y dice: ‘¿Cuándo volvemos a jugar?’. Y eso hace que no lo dejen más”, narró.

Esa misma sensación es la que describe Matías Escajadilla, arquitecto oriundo de Salta, que conoció el pickleball hace apenas unos meses y ya lo incorporó a su rutina. “Lo conozco hace muy poquito, pero cada vez que vengo a Tucumán me sumo. Se pasa un buen rato y la gente es muy copada. El deporte es muy divertido y dinámico, la verdad que me atrapó bastante”, contó.

AIRE FRESCO. Matías, arquitecto de profesión, encuentra en este deporte una escapada a su rutina.

Escajadilla, con pasado en el pádel, marcó algunas diferencias entre ambos deportes. “Extraño mucho las paredes, porque la dejás pasar y vuelve. Acá, si te pasa la pelota, ya es punto”, reflexionó. Tras ser consultado entre lo que más destaca del Pickleball, se mostró tajante. “Y es un juego más tranquilo, de mucha paciencia, de jugar corto hasta que el otro comete el error. Es más de mano y control que de potencia”, agregó.

Más allá de la técnica, Matías puso el foco en la experiencia de juego. “Lo que más me gusta es el control, la dificultad de jugar corto cuando tenés dos tipos adelante presionándote. Eso es lo que me atrae del pickleball”, señaló, antes de dejar una invitación abierta: “Que se sumen; no importa la edad ni si hicieron otro deporte antes. Es muy fácil para meterse y la van a pasar muy bien”, concluyó.

En Tucumán, el crecimiento del pickleball también se apoya en espacios específicos para su práctica. Federico Jatamlasky, impulsor y responsable de la primera cancha dedicada exclusivamente a esta disciplina en la provincia, suele destacar que el pickleball se juega tanto como competencia como recreación. “Es habitual ver a chicos agrupándose para jugar, lo que termina despertando la curiosidad de los padres, que primero miran y luego se animan a entrar a la cancha”, comentó.

EL REFERENTE. Fede Jatamlasky, el nombre propio detrás del crecimiento y la difusión del pickleball.

Así, entre la facilidad de aprendizaje, el clima social y la posibilidad de jugarlo a cualquier edad, el pickleball empieza a construir su lugar en Tucumán. Un fenómeno silencioso, pero constante, que ya dejó de ser una novedad para convertirse en una práctica que no para de sumar adeptos.