Desde siempre, el cine estuvo un paso adelante de la tecnología que iba a llegar mediante el impacto de la ciencia ficción en las tramas, muchas de ellas inspirada en libros de grandes autores. Si los 90 estuvieron atravesados por los guerreros ciborg altamente letales, este siglo abrió con filmes como “Minority Report” (llegó a la Argentina como “Sentencia previa”), una producción dirigida por Steven Spielberg, inspirada en un relato de 1956 de Philip K. Dick y protagonizada por Tom Cruise y Colin Farrell. La historia, ambientada en el ahora próximo 2054, se centra en un Departamento de Policía de Washington especializado en el PreCrimen, que detiene a los delincuentes antes de que cometan un delito de sangre.

Ahora es el turno de la Inteligencia Artificial, una realidad que ya nos atraviesa y que tiene proyecciones todavía indescifrables. El estreno de hoy es “Sin piedad”, una realización de Timur Bekmambetov, con Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kenneth Choi, Chris Sullivan y Kylie Rogers. El guión está escrito por Marco van Belle.

La acción se sitúa en un futuro tan cercano que sólo nos separa un lustro y quizás todo discurra más pronto de lo que se puede imaginar. Todo comienza cuando el detective Christopher Raven es acusado de asesinar a su esposa, en 2029. Tiene 90 minutos para demostrar que no fue él ante Maddox, una jueza virtual de IA avanzada, que deberá definir su destino. El proceso incluye un cambio en el principio de inocencia: quien está detenido tiene que salvarse, mientras que la Justicia no debe hacer nada más que la acusación inicial con datos obtenidos por una tecnología invasiva, que abarca todos los espacios y momentos de la vida cotidiana.

En un juego irónico, el policía detenido defendió en su momento la aplicación de la IA para resolver los casos de forma automática y sin que los sentimientos de los magistrados interfieran en una condena, que suele derivar en la muerte inmediata de quien sea considerado culpable. “Vivimos en un mundo donde los asesinos quedan libres“, afirma el personaje para validar el proyecto Mercy (nombre en inglés de la película), aprobado por los legisladores para que la IA sea juez, jurado y verdugo al mismo tiempo. Ahora, él podría ser víctima de una injusticia, mientras sufre la pérdida de su gran amor.

El marco social en que se mueve el filme es de una sociedad norteamericana distópica, con enfrentamientos en las calles y donde se atraviesa una creciente inseguridad, ante grupos organizados que reclaman por sus derechos y enfrentan a los efectivos policiales brutales y sumamente activos.

En el proceso judicial, el detective detenido “se enfrenta a la difícil tarea de desentrañar una red de corrupción y encubrimiento, mientras navega por un sistema judicial que parece estar cada vez más desbordado y atravesado por la parcialidad”, adelanta la sinopsis. Todo discurre mientras el reloj avanza y él está atrapado en una silla mortal en este thriller de acción.

“Le pedí a la producción no tener que fingir que estaba atado. Entonces me esposaron a esta silla por los pies y las manos. Hay un cierto nivel de claustrofobia que uno siente naturalmente cuando está atrapado en algo, y eso fue útil, de hecho. Quise que me encierren para que no pueda salir. Eso me ayudó a dar esta actuación, estando completamente inmovilizado”, afirmó el actor en la Comic Con de Nueva York.

En ese evento, Pratt defendió la necesidad de impulsar una “alfabetización digital de las sociedades para protegerse de los peligros que la IA nos ha traído”, mientras se debate entre “apagarla por completo o permitir que se integre en nuestra vida”. La respuesta, afirma, “requerirá liderazgo real, intuición humana y criterio para crear salvaguardas”.