Las propuestas de terror surgidas en ambas márgenes del Río de la Plata, tanto en la Argentina como en Uruguay, han ganado espacio con sello propio en el concierto internacional.
Lo cierto es que en el país el género está próximo a cumplir un siglo en pantalla. Considerada la primera producción del estilo, “El hombre bestia” se estrenó en 1934, con la dirección de Camilo Zaccaría Soprani y el agregado de haber sido filmada en Santa Fe. En tanto, en suelo uruguayo (con una industria mucho más acotada en realizaciones y en público potencial), todo es mucho más reciente, pero con un nombre que ganó territorio por peso propio: el director Gustavo Hernández Ibáñez.
La combinación entre la experiencia acumulada y el impulso nuevo da como resultado “El susurro”, una producción binacional que llega hoy a las salas del país, con un elenco mixto integrado por Luciano Cáceres, Ana Clara Guanco Aguilera y Marcelo Michinaux, con guión de Juma Fodde Roma.
Hernández oficia de director de este filme, rubro en el que acredita dos títulos de importancia en su suelo: “La casa muda”, de 2010 y considerado el primer largometraje de terror uruguayo en tener repercusión global, filmado en un solo plano secuencia y atravesado por el suspenso psicológico; seguido de “No dormirás” ocho años más tarde, que llegó a una remake estadounidense bautizada “Silent house”.
Ahora sigue con una propuesta que tiene a dos hermanos, Lucía y Adrián, como protagonistas. Mientras huyen de la oscura herencia de su violento padre, quien además es un vampiro, llegan a una casona aislada en el bosque en busca de refugio y para superar su traumático pasado.
Pero sus intentos de dar vuelta la página se interrumpen cuando un gato les trae un dedo humano, lo que revela un secreto aterrador: sus vecinos forman parte de una red criminal que secuestra adolescentes para producir películas snuff (filmes clandestinos con asesinatos, torturas, suicidios, necrofilia o infanticidios reales que son distribuidos comercialmente, cuya existencia siempre está en duda) y planean aprovecharse de ellos para luego matarlos.
Cuando el niño es secuestrado por los violentos intrusos, Lucía, desesperada por salvar a su hermano, se enfrenta a una cacería oscura. Así descubre que la única forma de rescatarlo es aceptar la identidad de su sangre familiar y enfrentar la oscura maldición que los persigue.
La película cuenta con la producción argentina de los mismos responsables de la aclamada “Cuando acecha la maldad”, de Demian Rugna, lo que impulsa su ingreso al mercado internacional; de hecho su satisfactorio paso por el festival de Sitges (el más importante del mundo) refuerza esas expectativas. En el territorio local, haber ganado la Competencia Internacional del Buenos Aires Rojo Sangre, con premios a mejor película y mejor dirección, potencian la expectativa de un público afecto a ese estilo. Y de su paso por el Festival Mórbido, de México, volvió con la estatuilla a mejor película latinoamericana.
“Esta película explora la lucha entre quienes somos y quienes pretendemos ser, todo enmarcado en una familia inusual durante la semana de carnaval. El ambiente festivo, con sus disfraces y máscaras, sirve como metáfora central de nuestra historia. Así como se esconden sus rostros, nuestros personajes ocultan sus verdaderas naturalezas y miedos. Adrián representa esas partes de nosotros que no podemos cambiar, aunque intentemos ocultarlas y su conflicto interno refleja la lucha por aceptar nuestra verdadera esencia. Lucía simboliza nuestra búsqueda de pertenencia y su deseo de proteger a su hermano revela cómo a veces, al intentar cuidar a otros, en realidad nos protegemos a nosotros mismos. Esa relación plantea una pregunta central: ¿cuándo la protección se convierte en control?”, plantea el director en la página de la destacada Cinemateca Uruguaya.
Hernández Ibáñez también admite que, en la propuesta, pesó tanto su propia experiencia en una familia numerosa donde los hermanos se cuidaban mucho entre sí, como de una anécdota real de Fodde Roma con su gato.
El resultado, aunque sea una sumatoria de distintas ideas clásicas del terror, es un aporte más al desarrollo de esta clase de propuestas en la región, con un impulso especial para su consolidación y perfeccionamiento.
Tercera entrega
El traspaso de los videojuegos a la pantalla grande ha dado títulos de distinta calidad, pero habitualmente populares. Uno de los taquilleros fue “Terror en Silent Hill”, de cuyo estreno se cumplen 20 años, y su secuela de 2012, “Terror en Silent Hill 2: la revelación”, elevados a producciones de culto. En la misma línea, inspirada en el popular videojuego de Konami llega ahora “Terror en Silent Hill: regreso al infierno”, nueva película del director Christophe Gans.
La historia sigue a James Sunderland (interpretado por Jeremy Irvine), un hombre atormentado que, tras recibir una misteriosa carta de su esposa Mary, supuestamente muerta hace años, regresa en busca de su amor perdido. En su pueblo antaño reconocible y ahora transformado en pesadilla por una fuerza malévola desconocida, se topará con figuras monstruosas y misteriosas, tanto familiares como nuevas. Por ello, empezará a cuestionarse su propia cordura en una propuesta de horror psicológico que se plantea como la primera gran novedad del año en este género. En un elenco participan Hannah Emily Anderson, Robert Strange, Pearse Egan, Eve Macklin, Robert Strange y Alana Maria.
Gans, responsable de la entrega original de la saga -pero no de la siguiente-, se inspiró en la segunda parte del videojuego, para lo cual despliega una potente atmósfera visual, fiel al espíritu del material original pero con una mirada renovada. Su propuesta apunta a crear una experiencia cinematográfica intensa, donde la emoción y el miedo se entrelazan para explorar las sombras más profundas de la mente humana, se anticipa desde la producción. Lanzada como reinicio de la propuesta, está centrada en la lucha de James ante la culpa y la fragilidad de su mirada de la realidad.
El resultado se inscribe en una estética gótica, con una tensión sostenida y una exploración del trauma nunca resuelto del personaje central. “Se busca devolver al terror su capacidad de estremecer y fascinar a partes iguales. Hay lugares que no te dejan irte. Silent Hill es uno de ellos”, se anuncia a modo de advertencia.