La cocina eléctrica se consolidó en los hogares argentinos de la mano de la practicidad y la rapidez. Sin embargo, en un contexto de tarifas en alza y uso intensivo de electrodomésticos, la elección de qué equipo utilizar no es un detalle menor: puede marcar una diferencia concreta en el gasto mensual de electricidad.
Entre los protagonistas de las cocinas modernas aparecen dos aparatos que cumplen funciones similares pero con comportamientos energéticos muy distintos: la freidora de aire y el horno eléctrico. Aunque ambos sirven para cocinar sin gas, no consumen lo mismo ni están pensados para idénticas situaciones. La clave no está solo en la potencia, sino también en el tiempo de cocción, el volumen de comida y la eficiencia con la que aprovechan el calor.
Comprender cómo funciona cada uno y en qué casos conviene utilizarlos permite optimizar el consumo energético sin resignar comodidad, algo cada vez más valorado en la rutina diaria.
Horno eléctrico
El horno eléctrico funciona mediante resistencias que calientan una cámara de gran tamaño. Para alcanzar la temperatura adecuada necesita un tiempo previo de precalentamiento, que suele extenderse entre 10 y 15 minutos, período durante el cual el equipo ya está consumiendo energía sin cocinar.
En los modelos domésticos medianos o grandes, la potencia se ubica generalmente entre los 2.000 y los 3.000 watts. Ese nivel de exigencia se traduce en un consumo aproximado de entre 2 y 2,5 kWh por cada hora de uso continuo, consignó el diario Clarín.
Por su diseño y capacidad, el horno eléctrico resulta más eficiente cuando se aprovecha todo su espacio interno, como en preparaciones grandes o cuando se cocinan varias bandejas al mismo tiempo. El inconveniente aparece al usarlo para porciones pequeñas: gran parte del calor generado se desperdicia y el consumo se vuelve elevado en relación con la cantidad de comida preparada.
Freidora de aire
La freidora de aire, en cambio, utiliza un sistema de circulación de aire caliente en un compartimento mucho más reducido. Esa diferencia estructural explica gran parte de su eficiencia. La mayoría de los modelos disponibles en el mercado argentino tiene una potencia que oscila entre los 1.400 y los 1.700 watts, sensiblemente menor a la de un horno eléctrico.
Además, no requiere un precalentamiento prolongado y los tiempos de cocción son más cortos. En la práctica, una preparación típica de entre 20 y 30 minutos implica un consumo cercano a los 0,7 o 0,9 kWh.
Por estas características, la freidora de aire se volvió una opción habitual para el uso diario, especialmente en hogares pequeños o para comidas individuales o de dos personas, donde se busca rapidez sin encender un electrodoméstico de gran tamaño.
El impacto en la factura de luz
La diferencia de consumo se vuelve clara al analizar el uso mensual. Una freidora de aire utilizada todos los días durante media hora puede representar entre 20 y 25 kWh al mes. En contraste, un horno eléctrico encendido entre 45 minutos y una hora diaria puede superar los 60 kWh mensuales, incluso antes de sumar el consumo del precalentamiento.
A ese gasto directo se suma un efecto adicional: el horno eléctrico eleva la temperatura del ambiente, lo que durante los meses de calor puede derivar en un mayor uso del aire acondicionado y, en consecuencia, en un consumo energético todavía mayor.