Las expectativas dominan al mercado. Si bien el año arrancó con la mirada puesta en el pago de los vencimientos de la deuda, los inversores no dejaron de seguir otras variables. Por ejemplo, el tipo de cambio que pasa una suerte de período de tranquilidad, incluso con bajas del dólar en algunas de sus variantes. Pero hay otro indicador que está teniendo protagonismo por la forma en cómo cerró 2025: el Índice de Precios al Consumidor (IPC). En efecto, la administración del presidente Javier Milei ha puesto una meta que los operadores del mercado dudan de su efectividad. En el Presupuesto vigente, se ha establecido que la variación inflacionaria de este año será de un 10%, menos de la mitad de lo que proyectan las consultoras privadas para todo este período. Incluso el propio Milei salió a respaldar esta estimación, cuando vaticinó que, hacia agosto próximo, la inflación será cero. Los consultores, mientras tanto, creen que el proceso de desaceleración inflacionaria será gradual y más lenta de lo pautado por el Ministerio de Economía de la Nación.
De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), 2025 cerró con un alza acumulada de 31,5%, el valor más bajo desde 2017. Para enero se espera una variación apenas inferior, mientras que para 2026 la inflación anual se ubicaría en torno del 25%. “La experiencia muestra que los procesos de desinflación son prolongados y complejos, y que la convergencia hacia tasas de un dígito suele demorar varios años”, advierte Invecq Consultora Económica.
De cara a este mes, se espera una leve moderación de la inflación, que se ubicaría en torno del 2,6%. El IPC Invecq se mueve actualmente a un ritmo algo más alto (2,9%), aunque es probable que desacelere hacia el cierre del mes. Para el resto de 2026, el escenario base contempla un promedio mensual de 1,8%, con una inflación anual que rondaría el 25%, puntualiza el reporte de la consultora que dirige el economista Esteban Domecq. En la misma línea se ubica la inflación de equilibrio, mientras que el último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), elaborado por el Banco Central, proyecta un 20%, aunque este viene mostrando una subestimación persistente en el último tiempo.
Si bien el gobierno ha mostrado un marcado optimismo respecto del proceso de desinflación, la evidencia sugiere que el proceso es largo y complejo. Reducirla de tres a dos dígitos suele ser relativamente rápido; sin embargo, converger desde esa zona a niveles de un dígito es mucho más desafiante. Los programas de estabilización de Chile (1975), Israel (1985), Polonia (1989) y Perú (1990) muestran que ese proceso demandó entre 6 y 20 años, recuerda Domecq.
Si bien el registro de diciembre se ubicó por encima de lo esperado y prolongó la aceleración observada en los últimos meses, tampoco debe calificarse como un dato marcadamente negativo, aclara la consultora. Del mismo modo, los valores particularmente bajos registrados a mediados de año no implicaban una ruptura definitiva de la dinámica inflacionaria. “En los hechos, la inflación continúa moviéndose en torno al 2% mensual, con oscilaciones explicadas por factores estacionales y ajustes puntuales de precios regulados”, subraya.
Los mínimos de 2025 respondieron en gran medida a la postergación en la actualización de los servicios públicos -Regulados registró en mayo la menor variación de la era Milei de tan sólo 1,3%- y al aporte favorable de los estacionales, que cayeron, en promedio, 1,5% durante mayo y junio, explica Invecq. En diciembre ocurrió lo inverso: un fuerte aumento de la carne (7,9% mes a mes) y el mayor ajuste anual de los regulados (3,3% m/m) empujaron el índice al alza. El proceso de desinflación será prolongado y no lineal: el ritmo mensual descendería un poco en 2026 respecto del año pasado, pero el sendero será gradual y requerirá paciencia.
Correcciones de precios
Según GMA Capital, todas las métricas evidenciaron mayores presiones en el margen y profundizaron la “pausa en la desinflación”. La coexistencia de correcciones aún pendientes en precios regulados, una inflación de servicios que se mantiene elevada y el reacomodamiento de algunos precios relativos imprimió una dinámica más lenta en el plano desagregado y fue, frente a este escenario, la consistencia del ancla macro la que ayudó a preservar parte del rumbo a lo largo del año. En ese marco, pueden identificarse distintos factores que operaron como anclas nominales, detalla el economista Nery Persichini. Por ejemplo, si bien el tipo de cambio cerró el año con una suba del 7% en términos reales, el esquema de bandas cambiarias aportó previsibilidad al régimen macroeconómico, reduciendo la volatilidad y contribuyendo a moderar el pass-through. En esa línea, la persistencia del superávit fiscal y la percepción de continuidad del programa económico tendieron a anclar las expectativas.
En términos de demanda, el consumo continúa aún lejos de sus máximos, con salarios reales del sector privado registrado que cayeron 1% en el año y niveles de empleo todavía resentidos: a septiembre, el empleo privado registrado acumulaba una pérdida de 42.892 puestos.
¿Qué nos depara realmente el 2026 en materia de precios? La combinación de los últimos dos datos de inflación y el reciente cambio en el esquema cambiario actuaron como un despertador para las expectativas del mercado, impulsando la inflación breakeven al alza, advierte GMA. Hoy, los precios de los activos descuentan un promedio mensual del 2,1% hasta mayo, para luego descender a la zona del 1,5% hasta octubre.
En la vereda de enfrente, el último REM muestra una cara bastante más optimista. Para los economistas de la city, los próximos meses traerán un avance de precios que oscilará entre el 1,8% y el 2%. Luego, proyectan un sendero de desinflación más marcado que se extendería desde abril hasta julio.