La cultura como bien público y el lugar del Estado

Por Alberto Rojo*

El Estado somos todos. ¿Y qué es la cultura? Todo aquello que produce la mente humana para hacer avanzar el conocimiento. No hay un sólo avance tecnológico, científico, norteamericano que no haya tenido por detrás apoyo estatal. Todos, desde los planes nucleares, los planes médicos, los avances de internet, el teflón, el plan espacial, todo, todo. El mercado se rige por ciertas normas que tienen que ver con amistades personales, por ejemplo de Peggy Guggenheim con Jackson Pollock y está todo bien. No estoy en contra del sector privado sosteniendo la cultura. Al contrario. Los privados son esenciales, pero no pueden ser el principal regulador.

La red de museos smithsonianos o las bibliotecas públicas de Estados Unidos no se bastan con financiamiento privado. A Giuseppe Verdi le preguntaron una vez: ¿Para qué sirve la música a la defensa nacional? Para que valga la pena defender a la nación, para eso sirve.

Para los que defienden el liberalismo, deberían saber que Ludwig von Mises, referente liberal de la Escuela Austríaca, dijo una frase que hasta es poética: “el Estado tiene que ocuparse de aquellos que no fueron beneficiados por la lotería de la vida”.

* Físico, músico y escritor tucumano residente en Michigan, donde es profesor de Física cuántica en la universidad de Oakland.

¿Arte o activismo?

Por Axel Káiser*

Si tú dejas esa política pública de financiamiento de cultura, la terminan capturando grupos de interés e ideológicos, grupos políticos que financian cualquier basura básicamente para hacer activismo. Y terminas con un tipo de arte y cultura que es completamente decadente. Entonces, y si es que hubiera financiamiento público, tendría que ser a nivel municipal y jamás a nivel del  gobierno central. Este debería ser destinado para artes clásicas, que han pasado la prueba del tiempo y no para cuestiones postmodernas y absurdas como las que se están financiando hoy en día para artistas que en el mercado no valen nada y que buscan ahí sustitutos para llenarse de plata... Yo sacaría el Estado totalmente del mundo del arte y la cultura y lo transferiría al sector privado con incentivos tributarios muy poderosos.

* Economista chileno, escritor, doctor en Filosofía y referente intelectual del liberalismo clásico.

El modelo inglés

Por Marcelo Gioffré*

Soy partidario del modelo inglés, que establece que lo que se gasta en cultura, si se gasta bien, no constituye costos hundidos. ¿Por qué? Porque habitualmente se calcula en el beneficio que da la cultura, por ejemplo, en la entrada de un museo o las cosas directas.

Pero la cultura genera infinitas más cuestiones que eso. Por ejemplo, el hecho de que esté la Tate Modern Gallery en Londres no sólo implica la entrada del museo, sino todos los restaurantes o cosas que pueden llegar a ganar dinero. Y el Estado, a su vez, gana en impuestos que cobran esos restaurantes.

Bilbao cambió totalmente con el Guggenheim. De Gaulle -con Malraux de ministro de Cultura, quien se había propuesto “democratizar la cultura”- gastó millonadas en pintar todos los frentes emblemáticos de París. No era un gasto, se recuperaba.

Subsidios, mecenazgo, exenciones y rentabilidad

La cuestión no es en sí misma la idea del subsidio, sino cómo darlo, cómo otorgarlo.

Se trata de que el jurado no sea un grupo mafioso de documentalistas que se premian entre ellos. A veces están como jurados y a veces como postulantes; se van dando la vuelta y se premian entre ellos.

En París últimamente se inauguraron dos museos privados espectaculares -Cartier y Vuitton-; para ellos implica beneficios impositivos y ganancia reputacional. En Estados Unidos incluso los privados reciben subvenciones culturales. Si no, no funciona. El Museo de Arte Metropolitano es un mix entre publico y privado”.

* Escritor, abogado y periodista.

Otras formas de financiamiento

Por Nima Sarkechik*

Para mí hay que buscar también otras formas de financiamiento que representan una fuente financiera imparable. Todo lo que tenga que ver con crowdfunding, Responsabilidad Social Empresaria, fundaciones bancarias y otro tipo de fundaciones”.

* Pianista franco-iraní, de gran presencia en la escena clásica y popular tucumana.

La cultura regulada por el mercado

Por Mercedes Colombres*

Desde la teoría, el liberalismo no cree que el Estado deba llevar a cabo proyectos culturales (películas, obras de teatro, etc). Eso debe estar en manos de los privados, ya que solo los privados entienden bien las preferencias de la audiencia separadamente de sus preferencias ideológicas y saben asignar recursos.

Lo hacen combinando eficiencia y creatividad. Esto hubiera sido difícil de probar en un mundo normal, pero el kirchnerismo nos hizo el favor de darle la razón a Mises. Tras 20 años de estatismo, tenemos millones gastados en recitales de cumbia y trap, centenares de películas de cinco espectadores, decenas de obras de arte clásico arrumbadas en sótanos para mostrar arte experimental de dudoso gusto. Veinte años de kirchnerismo gastando en cultura sólo han servido para aumentar más la pobreza (vía gasto público) y han dejado como saldo un acervo cultural de pobrísima calidad.

El liberalismo argentino no trabaja en un laboratorio, sino en la realidad, donde hay cosas que existen. En este marco creo que Javier Milei va a seguir en la política de eliminar esos institutos que no presentaban resultados de ningún tipo, va a seguir apretando las clavijas para que el Conicet demuestre resultados en ciencia aplicada y va a eliminar cuestiones como el INCAA. No creo que toque los emblemas del arte tradicional, como el Colón, los museos de arte, pero sí se va a incentivar una gestión eficiente y orientada a que se sustenten y consigan patronazgo.

*Periodista, comunicadora liberal y analista política.

Entre el dinero para crear y lo invaluable

Por Fabián Soberón*

“El éxtasis que produce una película, un libro, una pieza teatral, una música excede el valor monetario de su producción. ¿Puede medirse el efecto que genera un poema? Por otro lado, la producción cultural implica un trabajo. Los que hacemos películas o libros somos trabajadores y necesitamos el apoyo del Estado y del orden privado para concretar los proyectos. Las artes procuran eso que los griegos ponían como fin último de la vida: la felicidad. Tengo para mí que todo apoyo es bienvenido: el estatal y el privado. Desde el punto de vista de la producción, las artes se mueven entre el dinero para crear y lo invaluable, aquello que no puede medirse en términos monetarios. Desde el punto de vista de la creación, un poema de Emily Dickinson o los teoremas de Kurt Gödel no tienen precio, sus efectos exceden la demanda mercantil. El financiamiento estatal de las ciencias contribuye a que los beneficios del descubrimiento científico tengan una distribución más igualitaria. Se debe apoyar el desarrollo del pensamiento científico más allá de sus resultados prácticos.

No se puede financiar una investigación científica o filosófica considerando sólo las consecuencias empíricas. La filosofía y la vida contemplativa son inútiles, no se guían por el criterio de la utilidad. Es fundamental financiar la inutilidad de la filosofía. La filosofía no produce objetos prácticos, pero nos ayuda a pensar en nuestra finitud y en la relación con el mundo. La proyección de la contemplación en la praxis provee alegría, interrogación o incertidumbre. La filosofía amplía nuestra manera de indagar en la condición humana. El pensamiento nos ayuda a ser libres y es una actividad que escapa a la medida productiva del mercado.

El criterio para financiar una actividad de la cultura no debe depender exclusivamente de la eficacia o de la productividad.

* Escritor, cineasta y profesor universitario.

Un motor para hacer

Por Andrea Barbá*

“Como artistas, nuestra preocupación nos lleva a buscar maneras alternativas para sobrevivir a un Estado/síntoma, en el amplio espectro de esta frase. Hablo de sobrevivir a un Estado en crisis política y económica y a un estado de desesperanza existencial que nos va a tener sumidos en una desazón por mucho tiempo. Esta sensación de desazón tan grande, nos hace HACER”.

* Miembro del elenco estable de teatro del Ente Cultural tucumano, directora y docente teatral, protagonista de la comedia musical “Sweet Charity”, producida por capitales públicos y privados.

Un pilar del Estado

Por Marcelo Ruiz*

La cultura debe ser un pilar del Estado. El arte existe para que la realidad no nos destruya, decía Nietszche. Por lo tanto, su intervención debe ser vista como una gran inversión que solo rinde frutos con el transcurso de los años. En la situación actual del país recurrir a mecenas es casi utópico. Pero creo que es algo cultural también. Si los empresarios confiaran en devengar sus impuestos en cultura ayudaría muchísimo. En ese marco el rol del Estado es poner las normas para un buen funcionamiento. A mí criterio la cultura no necesita intervención del Estado (no somos Cuba) pero sí debe cumplir con la función de acompañar/facilitar a partir de políticas claras.

* Director de la Orquesta del Divino Niño, director de orquestas escuela de Yerba Buena, referente del programa de coros y orquestas del Ministerio de Educación.