Para toda una generación de tucumanos el tránsito peatonal por la cuadra de la Casa Histórica es lo más natural del mundo. Claro, no dimensionan que hasta el verano de 2004 por allí circulaban los vehículos. Era, a fin de cuentas, una calle más de la ciudad. Pues bien, el Paseo de la Independencia se inauguró el 21 de febrero de ese año y no faltaron resistencias: de los comerciantes -que suponían que la medida iba a impactar en las ventas- y de los conductores, ofuscados cuando se veían obligados a doblar en el cruce de Congreso y San Lorenzo. Incluso a la gente le llevó tiempo habituarse y muchos seguían caminando por la vereda. Así son los cambios: quejas al inicio y poco después todos se acostumbran.