Las vacaciones son, para muchas familias, un tiempo de descanso tan esperado como desafiante. Con los chicos más tiempo en casa, algunos pedidos extra y la mirada puesta en marzo -cuando llegan los gastos escolares-, la pregunta se repite: ¿cómo disfrutar sin que el presupuesto se descontrole?
Para Celeste Sánchez, especialista en economía familiar, la clave no está en decir que no a todo, sino en aprender a organizarse sin culpas. “No tiene sentido pasar las vacaciones poniendo límites permanentes. La idea es disfrutar, pero sin excedernos de lo que realmente podemos gastar”, contó durante una charla con LA GACETA.
Uno de los primeros puntos que marcó la especialista fue el aumento del gasto cotidiano cuando los chicos están en casa. “Durante el año, muchos comen vianda o algo en la escuela. En vacaciones, ese consumo se traslada al supermercado y ahí es donde se nota”, explicó. En ese sentido, recomendó planificar las compras y priorizar alimentos que los chicos realmente consuman. “Comprar algo solo porque está en oferta, si después termina en la basura, no es ahorro, es desperdicio”, advirtió.
Presupuesto diario y menos presión
Cuando se trata de salir o viajar, Sánchez sugirió una estrategia simple pero efectiva: fijar un presupuesto diario. “Si no ponemos un límite por día, corremos el riesgo de gastar todo al principio y después pasarnos el resto del mes diciendo que no a todo”, señaló. También recomendó alternar actividades que impliquen gasto con otras gratuitas, para evitar que cada plan se convierta en una salida constante de dinero.
Pero más allá de los números, la especialista puso el foco en el mensaje que se transmite dentro del hogar. “Somos una generación criada con bastante culpa respecto de la plata. Crecimos escuchando frases que nos hacían sentir que el dinero era un problema, cuando en realidad es una herramienta”.
Desde su mirada, las vacaciones son una oportunidad para hacer algo distinto con los hijos: enseñarles que el dinero es un medio y no un fin. “Para ir a tomar mate a la plaza no necesitamos plata, necesitamos tiempo. Muchas veces los adultos nos enroscamos en querer darles cosas, cuando ellos con una manguera, globos de agua o pintando en el piso ya son felices”, sostuvo.
Aburrirse también es sano
Sánchez también invitó a correrse de la exigencia de entretener todo el tiempo. “Es sano que se aburran. Del aburrimiento salen ideas, juegos, creatividad. No todo tiene que resolverse comprando algo”.
En esa misma línea, destacó la importancia de enseñar a diferenciar entre gastar e invertir, incluso desde chicos. “El mismo gasto cambia mucho según cómo lo nombramos y cómo lo explicamos. No se trata de hablar todo el tiempo de plata, pero sí de mostrar que decir que sí a todo hoy puede significar angustia mañana”, explicó.
Ahorros, elecciones y aprendizaje
Otro punto clave fue el uso de los ahorros de los chicos, especialmente durante las vacaciones. “Nuestra obligación como padres es cubrir lo básico: comida, ropa, cuidado y seguridad. Pero todo lo que es extra puede ser una gran oportunidad para que ellos aprendan a usar su propio dinero”.
Recuerdos, juegos o compras no esenciales pueden pagarse con los ahorros propios. “Cuando un chico entrega el efectivo y recibe algo a cambio, entiende de manera muy clara que la plata se va. Ese aprendizaje es mucho más poderoso que cualquier explicación”, sostuvo.
Para la especialista, enseñar estas dinámicas desde pequeños permite que incorporen una relación más sana con el dinero. “Cuando lo aprenden de chicos como un juego, lo incorporan mejor que cuando de grandes lo viven como una obligación”, afirmó.
Lejos de recetas rígidas, Sánchez propuso encontrar un equilibrio: ni vivir desde la escasez permanente ni gastar sin medir consecuencias. “Los extremos no son buenos. En el medio hay un montón de grises donde se puede disfrutar, compartir tiempo en familia y, al mismo tiempo, educar para el futuro”, concluyó.