En 1831, el buque de guerra yanqui “Lexington” atacó y saqueó Puerto Soledad, en Las Malvinas, bajo gobierno de la Confederación Argentina, amparado en la “Doctrina Monroe”. En 1920, el presidente radical Hipólito Yrigoyen, pese a presiones anglosajonas, mantuvo la neutralidad argentina en la Primera Guerra Mundial. Durante la ocupación yanqui de la República Dominicana, en 1920, al atracar en el puerto de Santo Domingo, Yrigoyen ordenó que la fragata “Sarmiento” saludara únicamente a la bandera dominicana y no a la de los EEUU, que ocupaba militarmente el país, como un gallardo acto de desconocimiento de su autoridad sobre ese país soberano. El pueblo dominicano ganó las calles vivando a nuestra fragata. Yrigoyen sostuvo el principio de “no intervención” y retiró a nuestro país de la Sociedad de las Naciones cuando esta no aceptó la admisión, sin exclusión alguna, de todos los países soberanos. En 1940, caída París en manos nazis, la embajada yanqui en Buenos Aires, con tono melifluo, demandaba al gobierno fraudulento de Ortiz una concertación secreta de países del Atlántico sur para defenderse de un impracticable ataque alemán. Sin respeto alguno, apareció un capitán yanqui, Spers, pidiendo al Ministro de Marina, almirante Scasso, que se le entregase, “bajo el poncho”, detalles de buques, bases navales, puertos y rutas. Recibió como respuesta que tales datos de la defensa nacional sólo se los podría dar el Presidente, y recomendó que EEUU se quede tranquilo: “el pueblo argentino sabrá defenderse contra cualquier atentado a su soberanía”. En 1947, el embajador yanqui comunica al presidente Perón que Truman (el de Hiroshima y Nagasaki) quería que España, acusada de fascista, recibiera los mismos castigos que las demás naciones derrotadas en la guerra que acababa de terminar y que esperaba el voto argentino en la ONU para aplicarle sanciones. Perón, con sus ministros, resuelve que la Argentina no votaría el aislamiento, primer paso hacia la invasión. Convocó a los embajadores amigos y les dijo que “había llegado el momento de que Hispanoamérica haga causa común con la Madre Patria”. Argentina logró anular la pretensión yanqui, pero, la amenaza de un bloqueo económico era peor y pondría a España ante una hambruna que quebraría cualquier resistencia. Entonces, la Argentina se apresuró a enviarle carne, harina, materias primas básicas. Así se abortó el acoso económico “aliado”. Fue cuando el embajador yanqui le espetó a Perón: “¡pero usted protege al tirano Franco…!” Y Perón le respondió: “a mí no me importa tanto el general Franco como el pueblo español. No se equivoquen ustedes. Si Franco dirige los destinos de España, es cosa que concierne al pueblo, no a usted ni a mí”. En 1965 otro radical, el presidente Arturo Illia, se negó al envió de soldados para sumarse a un nuevo atropello yanqui a la soberanía dominicana. Pura Doctrina Social de la Iglesia. Semejante tradición argentina de hermandad, filialidad, gallardía y dignidad nacional hoy ha sido pisoteada.
Arturo Arroyo
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