Javier Milei declaró que las Islas Malvinas serán argentinas cuando sus habitantes “lo deseen”. La perspectiva, por utópica, aleja cualquier posibilidad de que nuestro país recobre la soberanía sobre una superficie incautada en 1833. ¿Quién puede suponer que los isleños renunciarán al gobierno que detentan? Lamentablemente, nadie. La apelación a una simple analogía robustece la creencia: ¿existe registro de que una vivienda usurpada fue devuelta, de manera espontánea, a sus legítimos dueños? Las vías para recuperar el territorio siguen siendo dos: la militar, prontamente desechada por el abismal desequilibrio de fuerzas existente entre la Argentina e Inglaterra, y la diplomática. Un triste antecedente que se remonta a 1982 pesa sobre nuestra memoria. Sin embargo, no invalida el eterno reconocimiento hacia quienes, heroicamente, ofrendaron sus vidas en pos de la reconquista. Resta confiar en que, alguna vez, un mandatario del Reino Unido -sensato y reflexivo- admita el desatino de ejercer dominio sobre islas ubicadas a 11.000 kilómetros del país europeo.
Alejandro de Muro